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Porque para esto he sido enviado…

Mateo 4:23-35, Marcos 1:35-39 & Lucas 4:42-44

Nos encontramos entre la semana 18 y la semana 21 de la Cronología de los Evangelios. Yeshúa sale de Kfar-Nahum hacia un lugar apartado para orar. Shimón y los que estaban con él fueron a buscarlo, y cuando lo encontraron le dijeron “todos te buscan”, pero Yeshúa les respondió “Vengan, vamos a otras aldeas para que yo pueda predicar ahí también, porque para esto he venido.

El Evangelio de Lucas es aún más específico, y nos detalla la razón por la cual Yeshúa había venido: para anunciar el Evangelio del Reino de Dios. Marcos también nos relata que justo después de que Yeshúa estuvo por 40 días en el desierto,  él vino a Galilea predicando “el Evangelio del Reino”. Pero, ¿qué es el Evangelio del Reino de Dios?

El tema es bastante amplio, pero al menos analicemos uno de los aspectos más relevantes acerca de este Evangelio del Reino. Echemos un vistazo al mensaje que tanto Yeshúa como Yojanán Ben Zejariáh (Juan el Bautista) predicaban a su audiencia:

“En aquellos días vino Yojanán el inmersor predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 3:1-2

“Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”. Marcos 1:4

“Desde entonces comenzó Yeshúa a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 4:17

Es muy interesante que no era un mensaje nuevo el que ellos estaban predicando, ya que los profetas desde tiempos antiguos, llamaban al pueblo a hacer lo mismo: a arrepentirse y a volverse de sus malos caminos…

Así dijo Yehováh: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. Jr 6:16

¡Que esto nos ayude a identificar el verdadero Evangelio del Reino! ¡Shalom!

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El Calendario del Creador
Episodio 2

El falso ministerio de tres años y medio del Mesías

Para Michael Rood el viaje de regreso a las sendas antiguas, y la necesidad de restaurar el Calendario del Creador, nació del deseo por poder entender la vida y el ministerio del Mesías Yeshúa (Jesús). Para lograr entender los evangelios, primero debemos entender la Torá (Ley) y los escritos de los profetas, los cuales son de suma importancia en la comprensión del cálculo del tiempo del Creador, y que además rigen en el Calendario de las Fiestas del Señor (Levítico 23), las cuales estaban en vigencia durante el período del Segundo Templo.

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El Alfarero y la Vasija

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Isaías 64:8 nos dice:
«Tú eres nuestro Padre, nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros».

Nuestro padre es Yehováh, y en este verso Isaías nos dice que fue Él quien nos formó. Pon atención a que, en particular, no se está hablando de Adam quien fue el primer hombre que «literalmente» fue formado del polvo de la tierra, sino que está hablando de «todos nosotros».

Aquel que nos formó, el que trabaja con el barro, con la arcilla, es El Alfarero. La palabra «alfarero» en hebreo es yotzer(יוצר), y está relacionada con la raíz del verbo formar (yatzar, יצר) en el verso de Isaías. El Padre es El Alfarero, y es Él quien nos forma. Pero, ¿Qué quiere decir que Él nos forma?

Una imagen profética muy impactante es el episodio que Jeremías experimenta en el capítulo 18:1-6

Palabra de Yehováh que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero (yotzer), y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Yehováh, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Yehováh. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

Aquí vemos cómo el alfarero trabaja una vasija de la misma manera que Yehováh trabaja con nosotros; es la misma idea que menciona Isaías.

Regresando a la pregunta planteada anteriormente, ¿qué quiere decir que Él nos forma?, ¿que Él trabaja en nosotros? Obviamente, nuestro cuerpo ya está formado desde el vientre de nuestra madre. Pero a lo largo de nuestra vida experimentamos todo tipo de situaciones que nos hacen crecer espiritualmente. El producto final que el Creador desea hacer de nosotros no tiene que ver con la belleza o perfección física, sino con un nivel espiritual.

¿Cómo se crece espiritualmente?

Esta es una parte que a muchos no les va a gustar, o mejor dicho, no le va a gustar a nuestra carne. Recuerda que el espíritu está en enemistad con la carne (Rom 8:7).

La manera en que el Creador nos ayuda a crecer espiritualmente es a través del sufrimiento de la carne. ¿Cómo lo sé? Simple: en el hebreo, podemos encontrar la misma raíz de la palabra formar alfarero en palabras que asociamos con el sufrimiento.

Por ejemplo, la palabra tribulación, traducida como angustia en Jeremías 30:7 es tzará (צרה). La palabra para Egipto en hebreo es Mitzraim (מצרים), entendido como un lugar estrecho y de sufrimiento. El «camino angosto» del cual Yeshúa habla, es el camino tzar (angosto, sufrido).

De aquí es que podemos asociar el sufrimiento con el alfarero trabajando en nosotros. Todos estos ejemplos tienen que ver con nuestro sufrimiento, pero al mismo tiempo, con el nacimiento de un deseo insaciable de conectarnos con el Creador, de llamarlo en medio de nuestro llanto, de rendirnos a Su voluntad para con nosotros.

En este contexto podemos entender lo que Shaúl (Pablo) dice en Romanos 5:3: «nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia«.

Y también podemos entender como Ya’akov (Santiago) dice: «tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.» (1:2).

La alegría dentro del sufrimiento es encontrada cuando nos damos cuenta de que el Creador está trabajando en nosotros tal como el alfarero trabaja en su vasija. A través de la presión de sus dedos el moldea su pieza y elimina las asperezas.

Cuando nos identificamos con el espíritu, en lugar de la carne, es cuando podemos apreciar y hasta regocijarnos, en tiempos de pruebas y tribulación.

 


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Dos redes en las que debemos estar

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Nunca ha habido una población tan grande como la que hay en el presente. Pero resulta asombroso que a pesar de tener más personas en derredor nuestro, el contacto significativo con ellas sea menor y más superficial; porque cada individuo se mantiene absorto en sus aparatos electrónicos supuestamente «conectado» mediante las redes con otros individuos, muchos de las cuales ni siquiera conoce personalmente.

A lo largo de mi vida, descubrí que hay dos redes a las que sí vale la pena estar conectado y eso les voy a compartir.

Dios ha hecho dos tipos de revelación de sí mismo: Una, mediante la creación del mundo, que nos descubre las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad; tal revelación está disponible para todos los pueblos; y otra: la Toráh que revela su carácter y que fue dada a un pueblo en particular. 

El mundo moderno nos ha conducido a desconectarnos de la Creación; vivimos en ciudades, alejados del Jardín que Yehováh preparó para que habitáramos en él. Le tenemos miedo a los insectos, a los animales, e ignoramos cómo suceden los milagros de la vida. En cambio, estamos rodeados de cemento, de tecnología, de radiaciones de toda clase que afectan nuestros cuerpos, y cada vez perdemos más la libertad que nos fue otorgada por el Creador.

Y respecto de la Toráh, en mi caso pasé muchos años adivinando el significado del «Nuevo Testamento», aprendiendo y enseñando doctrinas, algunas de ellas erradas y otras un tanto desenfocadas, todo por estar desconectado de la Toráh. 

Pero ha llegado el tiempo de re-conectarnos a esas dos redes.

Por mi parte, yo comencé conectándome a la Toráh. Lo hice cuando entendí que la Toráh representa «el esfuerzo» (por decirlo de una manera práctica) de nuestro Padre por estrechar su relación con su pueblo elegido: Israel. El resultado ha sido que he experimentado una depuración de los conceptos que había aprendido y he redefinido mis prioridades y comportamientos en todas las áreas descubriendo así una dimensión nueva de entendimiento de la vida.

La Toráh es un pozo profundo repleto de enseñanzas atemporales, es decir siempre aplicables, a la que ahora más que nunca, necesitamos mantenernos conectados para poder discernir los tiempos y los propósitos de Dios.

Las enseñanzas de la Toráh permanecen ocultas para el lector casual; pero tienen un efecto contundente en quienes recurren a ella de manera asidua. Un testimonio de esto, es el pueblo Judío que se ha mantenido leyéndola anualmente durante siglos. El resultado: Una identidad y estilo de vida que ha desafiado las persecuciones más crueles e inhumanas de la historia; un pueblo que a pesar de su pequeño tamaño, ha producido los cambios más grandes y significativos en la humanidad.

Sería necio de nuestra parte, subestimar el efecto de la Toráh en nuestras vidas. Con razón Yehováh le recalca a Josué:

esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de hacer conforme a toda la Toráh que mi siervo Moshé te ordenó. No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que tengas buen éxito dondequiera que vayas. No se aparte de tu boca el Libro de esta Toráh. De día y de noche meditarás en él, para que cuides de hacer conforme a todo aquello que está en él escrito, porque entonces harás próspero tu camino, y tendrás buen éxito. Josué 1:7-8

Sí. La Toráh debe convertirse en el parámetro con el cual evaluamos toda enseñanza que llega hasta nosotros, sea de pastores, de líderes famosos, de escritores estrella, etc. Pero… ¿cómo puede ser esto posible, si no la conocemos a profundidad?

 Ahora estoy en el proceso de conectarme con la red de la Creación. La misma Toráh me impulsa a hacerlo; necesitamos regresar a nuestro lugar de origen: El Jardín de la Creación. ¿Acaso no sería ideal que los hijos de Yehováh viviéramos en campos espaciosos, siendo testigos del milagro de la vida cosechando nuestros propios alimentos y cuidando nuestros propios animales? Entonces podríamos entender muchas lecciones de la Toráh que están encriptadas en los procesos de lo que sucede en el campo.

Vamos! Es hora de cambiar la obsesiva conexión a las esclavizantes redes sociales y medios de comunicación oportunistas, para conectarnos de manera firme a las redes de Yehováh, que son fuente de Verdad que nos traen verdadera paz y libertad: Conéctate a la Creación y a la Torá, Su Palabra inmutable.