Antes de entrar a conquistar la Tierra Prometida, Israel necesita aprender a vivir bajo el gobierno de Yehováh y a administrase conforme a Sus Instrucciones: Torá
La Verdadera Meta de la Tierra Prometida
Después de cuarenta años de desierto, la Torá termina de una forma inesperada: con mapas, fronteras, herencias y ciudades de refugio. ¿Por qué? En este episodio de Entre Líneas exploramos cómo Yehová transformó a un pueblo de esclavos en una nación llamada a reflejar Su justicia y Su carácter. Descubre por qué la Tierra Prometida no era el final del viaje, sino el comienzo de una nueva responsabilidad.
¿Celo o Fanatismo Religioso?
La fidelidad, la justicia y el liderazgo responsable son los pilares de una comunidad que desea permanecer firme. Descubre cómo esta lectura revela que las decisiones tomadas con integridad pueden dejar un legado que bendiga a las generaciones futuras.
El Liderazgo comienza donde termina el Ego
El verdadero éxito del liderazgo no se mide por tu presencia, sino por lo que
sobrevive sin ti.
Existe una idea profundamente arraigada en nuestra cultura corporativa y social:
mientras más indispensable sea una persona, mejor líder es. Es común escuchar
en los pasillos de las empresas o en los núcleos familiares frases cargadas de
admiración como: “Sin él, este lugar se cae a pedazos” o “Ella es el alma insustituible de la organización”. Solemos interpretar estas palabras como el mayor de los elogios posibles a la eficiencia y el carácter de un individuo.
Sin embargo, si nos detenemos a analizarlo con frialdad, ¿y si esas afirmaciones
fueran, en realidad, la evidencia más contundente de un liderazgo incompleto y
deficiente? Un líder cuyo proyecto o visión depende exclusivamente de su presencia física, de su última palabra o de su constante supervisión, no ha construido una obra sólida; ha edificado una estructura sumamente frágil, un castillo de naipes destinado a desmoronarse en el instante en que él falte.
Una estampa de la realidad: El síndrome del fundador
A principios de la década de los noventa, una prestigiosa firma de diseño arquitectónico creció exponencialmente bajo la genialidad de su director principal. Él revisaba cada plano, corregía cada línea y centralizaba las relaciones con todos los clientes importantes.
La firma era un éxito rotundo. No obstante, cuando el fundador sufrió un repentino problema de salud que lo apartó seis meses del negocio, la empresa se paralizó. Los diseñadores no sabían tomar decisiones sin su aprobación y los clientes perdieron la confianza. En menos de un año, la firma cerró. El fundador era un genio creativo, pero un líder fallido: creó dependientes en lugar de creadores.
Las escrituras hebreas nos presentan un contraste magistral frente a esta flaqueza
humana a través de uno de los momentos más conmovedores en la vida de Moshé.
Tras cuarenta arduos años guiando a una nación obstinada a través de los rigores del desierto, Yehováh le muestra la Tierra Prometida desde la cumbre del monte y le comunica con absoluta claridad una noticia desgarradora: él no será quien conduzca al pueblo hasta su destino final.
Humanamente, cualquiera de nosotros esperaría una reacción de queja o profunda amargura. Después de décadas de sacrificios personales, de soportar críticas injustas, rebeliones internas y una carga emocional que muy pocos seres humanos podrían tolerar, habría sido comprensible que Moshé cuestionara la decisión. Que expresara su profunda tristeza o que argumentara la aparente injusticia de no poder saborear los frutos de la tierra por la que había desgastado su vida entera. Pero su reacción rompe por completo el molde del egoísmo humano.
Su primera preocupación no se centra en lo que va a perder, sino en lo que el pueblo necesita, lo cual queda registrado en una oración extraordinariamente breve, pero de una densidad espiritual inmensa:
Ponga Yehováh, Elohim de los espíritus de toda carne, un varón sobre la asamblea, que salga y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Yehováh no sea como ovejas sin pastor.
Números 27:16-17
Es imposible pasar por alto la nobleza de este momento. Moshé acaba de recibir un golpe emocional definitivo y, aun así, no dirige la mirada hacia sus propias heridas. La dirige hacia el futuro de los suyos.
No le preocupa cómo su biografía registrará ese vacío; le aterra el vacío que podría quedar en el caminar de quienes dependen de su guía. Y esto revela que entiendió que el propósito era superior a su persona.
* * *
Es precisamente aquí donde este relato antiguo cobra una vigencia incómoda y se
transforma en un espejo para nuestra actualidad.
Vivimos en una época obsesionada con la marca personal y la visibilidad. Se invierten fortunas y años enteros en moldear una reputación, un perfil o una posición jerárquica desde la cual ser admirados y necesitados. Sin darnos cuenta, empezamos a medir erróneamente nuestro éxito por el nivel de dependencia que logramos generar en los demás.
Pero el verdadero liderazgo opera bajo una lógica inversa: nunca consistió en crear
dependencia, sino en desarrollar personas capaces de caminar con firmeza cuando el guía ya no esté. Quizá por ello somos testigos del colapso inmediato de tantas organizaciones cuando su fundador da un paso al costado.
Vemos empresas familiares robustas desaparecer de forma dramática en la segunda generación, proyectos comunitarios fragmentarse tras la jubilación de su director, e incluso dinámicas familiares que se quiebran por completo cuando los padres faltan.
Con frecuencia se piensa que el problema apareció súbitamente al final, pero la realidad es que comenzó muchos años antes, cuando el líder decidió sembrar su propia indispensabilidad.
| El Líder que busca ser Indispensable (Jefe) | El Líder que prepara un Sucesor (Verdadero Líder) |
|---|---|
| Acumula información y centraliza las decisiones para retener el control y el poder. | Comparte conocimiento de manera abierta para multiplicar las capacidades ajenas. |
| Teme de forma encubierta que alguien con talento pueda llegar a reemplazarlo. | Trabaja de manera intencional e invierte recursos para que otros lo superen. |
| Su éxito se mide por cuánta gente lo necesita hoy. | Su éxito se mide por cómo funciona el equipo cuando él no está. |
Moshé modeló la excelencia de la transición porque entendía una verdad fundamental: El liderazgo nunca es un derecho de propiedad adquirido, sino una responsabilidad prestada. El pueblo no le pertenecía, y la misión histórica tampoco. Ambos pertenecían a Yehováh. Por lo tanto, cuando llegó la hora de soltar el relevo, no intentó aferrarse, ni manipuló las circunstancias para extender su influencia un tiempo más, ni buscó sabotear el surgimiento de nuevas figuras. Simplemente veló por que la dirección continuara con limpieza y poder.
Aquí se esconde la verdad definitiva que redefine nuestra labor diaria: el éxito de un líder jamás se demuestra mientras ocupa el cargo. Es sumamente fácil simular orden, respeto y control cuando todas las directrices pasan obligatoriamente por nuestras manos y el temor o la costumbre cohesionan al grupo.
La verdadera evaluación, el examen de fuego de tu liderazgo, comienza el primer día en que dejas de estar presente. Ese día se revela si edificaste una obra con cimientos propios o si únicamente alimentaste tu ego a través de una estructura codependiente.
Ya sea que te encuentres al frente de una empresa, que coordines un equipo de
trabajo, que sirvas en una comunidad, o que ejerzas la altísima responsabilidad de
formar a tus hijos en el hogar, hay una pregunta crucial que el tiempo te obligará a
responder. No tiene que ver con cuántos aplausos recibes hoy, ni con cuántas personas se rinden ante tu autoridad, ni con el crecimiento estadístico que lograste bajo tu gestión.
La pregunta esencial y transformadora es: Si mañana tu presencia ya no
estuviera, ¿aquello que construiste tiene la madurez y la fuerza para seguir
avanzando con paso firme, o se desvanecerá contigo?
Porque al final del camino, el legado más alto de un líder no consiste en lograr que
todos recuerden con nostalgia su nombre y lamenten su ausencia. Consiste en
conseguir que aquellos que caminaron a su lado hayan aprendido a mirar al frente, a sostener los valores compartidos y a conquistar sus propias tierras prometidas sin necesidad de retener su mano.
Cómo un Profeta Pagano, Terminó Corrompiendo a Israel
¿Te imaginas vivir en un sistema donde, cada cierto tiempo, las deudas se cancelan por ley y las propiedades regresan a sus dueños originales? Aunque suene a una utopía económica moderna, este diseño existe desde hace milenios en los textos bíblicos.
La Tragedia de Vender la Verdad
Bilam (Balaam) nos recuerda a aquellas personas que conociendo cuál es la verdad y qué es lo correcto, insisten en preguntar si de pronto hay una excepción, para ellas hacer lo que en realidad desean.
La historia de Bilam (Balaam) es más que un relato pintoresco sobre un profeta pagano y un asno que habla. Es un profundo estudio sobre la ambición, el autoengaño y las consecuencias de torcer la voluntad de Dios. En esta porción, Yehováh nos revela cómo incluso personas dotadas de habilidades espirituales —como Bilam, que hablaba con Elohim— pueden corromperse si su corazón se vende a intereses personales.
El poder de las palabras: bendición o maldición
Bilam sabía que las palabras tienen poder. Y hoy, como entonces, vivimos en una sociedad donde las palabras siguen moldeando destinos. En redes sociales, medios y gobiernos, se lanzan bendiciones o maldiciones culturales que forman identidades y decisiones.
Proverbios 18:21 dice:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”
La bendición de Yehováh es irrevocable:
“No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Yehováh su Elohim está con él…” – Números 23:21
Sin embargo, Bilam intentó maldecir por interés económico, aún sabiendo que no podía cambiar el decreto divino. ¿Cuántos hoy hacen lo mismo, vendiendo su influencia —espiritual o política— a cambio de honor, poder o dinero?
Preguntar lo que ya fue revelado: un camino peligroso
Bilam sabía que Yehováh no quería que fuera con los mensajeros de Balak, pero volvió a preguntar. Muchos hoy caen en el mismo error: en lugar de obedecer lo ya revelado en la Torá, buscan reinterpretarlo para justificar sus deseos. Pero la voluntad de Yehováh no está sujeta a consulta.
“Yehováh no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Acaso dice y no hace? ¿Habla y no cumple?”
– Números 23:19
Esta actitud recuerda a quienes, conociendo los mandamientos sobre moralidad, Shabbat, justicia o idolatría, preguntan: “¿Realmente esto es necesario hoy?” Buscan una “nueva revelación” que les permita transgredir sin sentirse culpables. Así fue el camino de Bilam… y terminó en muerte (Números 31:8).
Casos contemporáneos: Profetas por conveniencia
Hoy en día vemos muchos “profetas modernos” que, como Bilam, profetizan conforme al viento del momento. Promueven doctrinas atractivas pero torcidas, que complacen al pueblo y a sus patrocinadores, no a Yehováh.
Un caso claro: ministros que, para no incomodar, aprueban la ideología de género o el matrimonio entre personas del mismo sexo, ignorando la clara instrucción de las Escrituras (Levítico 18:22, Romanos 1:26-27).
También están quienes comercializan “bendiciones” o “palabras proféticas” por dinero, manipulando a los ingenuos para obtener ganancias. El N.T. habla de ellos:
“Por codicia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.”
2 Pedro 2:3
Yeshúa fue contundente:
“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre.”
Mateo 7:21
El Shabbat como ejemplo de un decreto eterno
Muchos argumentan que el Shabbat fue abolido o que es irrelevante en nuestros días. Pero fue establecido desde el principio (Génesis 2:2-3) y será observado en el Reino (Isaías 66:23). Preguntar si aún está vigente es como cuestionar si el sol sigue saliendo. Yeshúa mismo lo respetó (Lucas 4:16), y nunca enseñó su abolición.
“No penséis que vine a anular la Ley o los Profetas; no vine a abolir, sino a dar cumplimiento.” – Mateo 5:17
¿Acaso no es claro? ¿Qué parte de esto necesita interpretación?
Aplicación práctica: ¿A quién servimos realmente?
En tiempos de confusión, el llamado es a tomar postura. ¿Seguiremos como Bilam, aparentando obediencia mientras anhelamos lo que el mundo ofrece? ¿O actuaremos como Pinjás, que con celo santo defendió la santidad de Yehováh?
“No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
Mateo 6:24
Esta época no es para ser neutrales ni cobardes. Estamos rodeados de corrupción moral, espiritual y cultural. ¿Guardaremos silencio mientras marchan los desfiles del orgullo, los falsos profetas se enriquecen y los valores bíblicos se pisotean?
Volvamos a la obediencia radical
Bilam fue un hombre dotado de dones, pero terminó en desgracia porque su corazón no fue íntegro ante Yehováh. Que no nos ocurra lo mismo. La obediencia no se negocia. Volvamos a los caminos antiguos, a la Toráh, y escuchemos al verdadero Mesías: Yeshúa, el Hijo obediente.
“Así dice Yehováh: paraos en los caminos y mirad, preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.”
Jeremías 6:16
¿Por qué la Tierra Abrió su Boca?
¿Te imaginas vivir en un sistema donde, cada cierto tiempo, las deudas se cancelan por ley y las propiedades regresan a sus dueños originales? Aunque suene a una utopía económica moderna, este diseño existe desde hace milenios en los textos bíblicos.
Del Diezmo a la Generosidad: Un Cambio de Enfoque
Clases de diezmo y su destino
Los hijos de Leví fueron escogidos por Yehováh para atender las cosas relacionadas con el servicio a Él y para enseñar la Toráh al pueblo, donde quiera que estuviesen. Estos no tendrían herencia pues Yehováh era su herencia. Así fue que Dios mismo les concedió recibir parte de lo sacrificado como lo establece la Toráh, junto con las primicias de las cosechas para su sostenimiento.
El diezmo, la décima parte del producto del campo y de los ganados, estaba consagrado a Yehováh, pero tenía diferentes destinos.
Según Levítico 27:30-33 y Números 18:21-24, tanto el diezmo de las cosechas como el de los animales pertenecían a Yehováh, quien los asignó a los hijos de Leví como heredad por el servicio que prestaban en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo. A su vez, los Levitas debían entregar a los sacerdotes un “diezmo de los diezmos” según la instrucción de Números 18:26-28.
Al estudiar los pasajes relacionados con los diezmos, algunos investigadores concluyen que la Toráh menciona más de una clase de diezmo. El primero era entregado a los Levitas para su sustento. Otro diezmo era consumido por las propias familias delante de Yehováh durante las festividades, como se describe en Deuteronomio 14:22-27. Aunque existen diferentes interpretaciones sobre la relación entre estos pasajes, resulta evidente que no todo el diezmo tenía exactamente el mismo destino.
Conforme a Deuteronomio 12:17 y Deuteronomio 14:22-27, una parte de los productos apartados era llevada al lugar escogido por Yehováh para ser consumida delante de Él durante las Festividades establecidas. De esta manera, las familias aprendían a temer a Yehováh y a celebrar Su provisión.
Deuteronomio 14:28-29 enseña que cada tercer año se apartaba un diezmo destinado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda. De esta manera se atendían las necesidades de quienes carecían de herencia o recursos suficientes para sostenerse. Era algo parecido a lo que hoy conocemos como ayuda social, solo que no era responsabilidad del gobierno sino de la comunidad.
Pero… ¿qué sucede en el Nuevo Testamento?
Al morir y resucitar Yeshúa, abrió el camino para que todos pudiéramos tener acceso a nuestro Padre. De esta manera hizo de nosotros un pueblo de sacerdotes, es decir que todos los rescatados por Él tenemos acceso directo a Yehováh sin necesidad de intermediarios humanos para acercarnos a Su presencia.
Esto no significa que el Templo desapareciera inmediatamente, pues continuó funcionando durante varias décadas después de la resurrección de Yeshúa. Los mismos apóstoles continuaron visitándolo. Sin embargo, la obra redentora del Mesías señaló el cumplimiento del sistema sacrificial como medio de expiación y anunció el establecimiento de un nuevo pacto basado en Su sacrificio perfecto.
En cierto sentido podríamos afirmar que hoy todos podemos ofrecer sacrificios, pero ya no de animales sino de alabanza y adoración:
Ofrezcamos siempre por medio de Él sacrificio de alabanza a Yehováh, es decir, fruto de labios que confiesan Su Nombre.
Hebreos 13:15
Asimismo, las Escrituras describen a los creyentes como un “real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Sin embargo, esto no elimina las diferentes funciones que Yehováh ha establecido dentro de Su pueblo. Continúan existiendo responsabilidades específicas de enseñanza, liderazgo, exhortación y servicio, tal como ocurrió en la comunidad de los primeros discípulos.
Entonces, siendo que todos somos sacerdotes en ese sentido, ¿hay en el Nuevo Testamento siervos equivalentes a los Levitas? En cierto sentido, sí; pero sus funciones excluyen lo relacionado con los sacrificios del Templo por razones obvias y no están limitadas únicamente a la enseñanza de la Palabra.
Yeshúa llamó a doce discípulos para que estuvieran con Él durante el tiempo de Su ministerio y éstos fueron invitados a dejarlo todo para convertirse en pescadores de hombres. Posteriormente fueron confirmados como responsables de dirigir y expandir el mensaje entregado por el Mesías: las Buenas Noticias acerca de la proximidad del Reino de los Cielos.
Observamos que efectivamente estos discípulos abandonaron amigos, socios, profesiones, negocios y tradiciones para seguir y servir al Mesías. Cuando los envió en misiones locales les instruyó a no llevar nada consigo porque “el obrero es digno de su salario”, queriéndoles mostrar que Dios mismo se encargaría de proveer para ellos a través de las personas a quienes ministraban.
¿Y cómo habrían de sostenerse en el futuro cuando Yeshúa hubiese partido? El libro de los Hechos nos lo revela:
Todos los creyentes estaban unidos, y tenían en común todas las cosas. Vendían sus propiedades y sus pertenencias, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.
Hechos 2:44-45
Esto sucedió de manera espontánea. No parece que hubiese una reglamentación específica al respecto. La respuesta natural de corazones transformados fue cuidar unos de otros para que nadie padeciera necesidad; después de todo, esa había sido la medida del mandamiento dado por Yeshúa:
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15:12-13
La medida de ese amor era lo nuevo, pues el mandamiento ya existía en la Toráh:
No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yehováh.
Levítico 19:18
Vemos que Yeshúa llevó este mandamiento a otro nivel, al igual que hizo con muchos otros aspectos de la vida de obediencia. Entonces era natural que la nueva generación de discípulos siguiera Su ejemplo y quisiera compartirlo todo. Obviamente los apóstoles eran parte de esa comunidad.
Por esta razón, en las Escrituras Mesiánicas no encontramos un mandamiento que ordene entregar los diezmos a los apóstoles o a los líderes de las congregaciones. Hubiera sobrado ordenar tal cosa, porque lo natural y espontáneo era el fruto del Espíritu de Yehováh habitando en cada seguidor del Mesías, expresado en el deseo de velar por sus hermanos en necesidad y por aquellos que les servían enseñándoles y cuidándoles.
No obstante, esto no significa que quienes dedican su vida al servicio y a la enseñanza deban carecer de apoyo material. El apóstol Pablo enseñó claramente que quienes anuncian las Buenas Noticias tienen derecho a recibir sustento de aquellos a quienes sirven:
Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
1 Corintios 9:14
Asimismo escribió:
El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.
Gálatas 6:6
La diferencia es que Pablo nunca estableció un porcentaje obligatorio ni llamó diezmo a este apoyo. Su énfasis estuvo en la generosidad voluntaria y en el reconocimiento del valor de quienes sirven fielmente.
Resalto la palabra servían, porque ese fue el modelo dejado por Yeshúa:
El que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Mateo 20:28
Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo o recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes. Claro está que muchos líderes religiosos de hoy dirían: “Qué desperdicio. Perdió la oportunidad de enseñarles a sembrar en su ministerio”.
Los siervos que hemos sido llamados al ministerio no estamos para suplantar a Yeshúa como la cabeza de todo varón ni para imponer nuestra autoridad manipulando o explotando económicamente a quienes desean acercarse al Padre, sino para servirles comunicándoles la Verdad, guiándoles a una comunión más íntima con Yehováh mediante Yeshúa y el caminar en obediencia a la Toráh.
Es nuestra responsabilidad ayudarles a desarrollar su fe para que puedan ser luz en un mundo sumido en tinieblas y, llegado el momento, sean capaces de sellar su testimonio entregando su vida si fuere necesario.
En resumen
Si definimos el diezmo exactamente como lo hace la Toráh, encontramos que estaba vinculado a la tierra de Israel, a las cosechas, al ganado, al sacerdocio levítico y al funcionamiento del Templo. En ausencia de estos elementos, resulta difícil aplicar hoy el sistema exactamente de la misma manera en que fue establecido originalmente.
Lo que permanece vigente es el principio que subyace detrás de aquellas instrucciones: reconocer que todo proviene de Yehováh, sostener a quienes sirven fielmente, ayudar al necesitado y practicar una generosidad sincera nacida de un corazón agradecido.
Quienes hemos sido llamados por Yehováh para servirle primero a Él y luego a Sus seguidores y discípulos dedicamos nuestro tiempo, talentos, recursos, experiencia y relaciones a proclamar Su mensaje, amar, modelar, discipular, instruir, apoyar y amonestar a todos aquellos que desean marchar por la senda estrecha de la obediencia a Yehováh tal como lo hizo Yeshúa.
Y si bien dependemos de la provisión de nuestro Padre, sabemos que ésta llegará de corazones que valoran lo que reciben de Él por medio de nosotros y que, al igual que los primeros discípulos, espontáneamente desearán compartir de sus recursos para que no haya necesidad entre sus hermanos.
El Síndrome de la Langosta
¿Te imaginas vivir en un sistema donde, cada cierto tiempo, las deudas se cancelan por ley y las propiedades regresan a sus dueños originales? Aunque suene a una utopía económica moderna, este diseño existe desde hace milenios en los textos bíblicos.
Israel entre el Espíritu y las Codornices
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