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¿Qué significa el nombre יְהֹוָה (Yehováh)?

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha deseado conectarse con la fuente de poder y creación que posibilitó la existencia del universo y del mismo hombre. En las Escrituras Hebreas, se nos cuenta que este Ser superior tenía comunión con el primer hombre, así como también con ciertos individuos a lo largo de la historia. En el registro bíblico de la creación (Gen 2:4), dice que ”Yehováh Elohim hizo la tierra y los cielos.” Esta es la primera vez en que el nombre personal del Creador aparece en las Escrituras, la primera de más de 6500 veces. A diferencia de Elohim, que es un título que significa “poderoso” y es la forma hebrea de la palabra “Dios”, Yehováh (יְהֹוָה) es un nombre propio, es decir, es el nombre que se utiliza en las Escrituras para referirse al único Dios. Al Creador de los cielos y la tierra.

En Genesis 4:26 se nos dice que «los hombres comenzaron a invocar el nombre de Yehováh”. Este era un nombre conocido desde los tiempos más antiguos y vemos como a través de la historia, distintos personajes bíblicos lo invocan:

Genesis 12:8: (Abraham) pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Yehováh, e invocó el nombre de Yehováh.

Genesis 26:25: Y (Isaac) edificó allí un altar, e invocó el nombre de Yehováh, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo. 

Genesis 28:16: Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

De aquí es que, teniendo un conocimiento básico de hebreo y tomando en cuenta TODA la Escritura en su contexto, podemos comprender que la traducción y el entendimiento del siguiente verso no es adecuando.

Éxodo 6:3: Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente (El Shadai), mas en mi nombre Yehováh no me di a conocer a ellos.

Si esta traducción fuese correcta, ¿cómo podrían explicarse los versículos citados más arriba en este estudio?

La realidad es que, la última parte de este verso, וּשְׁמִי יְהוָה לֹא נֹודַעְתִּי לָהֶֽם׃ debe entenderse en el hebreo tal como lo que llamamos en español una pregunta retórica. En hebreo no existen los signos de pregunta, por lo cual algunas cosas pueden entenderse por contexto. En este pasaje, el Eterno le está diciendo a Moisés que Él se les apareció y les mostró Su poder a los patriarcas. Una mejor manera de traducir ese verso sería:

Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente (El Shadai), y ¿[acaso]  no me di a conocer a ellos por mi nombre Yehováh?

Por último, me gustaría ahondar en el significado del nombre del Altísimo. Un lugar de referencia muy importante es en Éxodo 3:13-15, en donde Él se le revela a Moisés:

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo:
El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.
Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY (אֶֽהְיֶה אֲשֶׁר אֶֽהְיֶה – Ehié asher ehié).
Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY (אֶֽהְיֶה – Ehié) me envió a vosotros.
Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel:
Yehováh (יְהֹוָה, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,
me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

Este pasaje es muy revelador con respecto al significado del nombre del Eterno. Como usted podrá observar, hay dos nombres distintos que aparentan ser revelados aquí; «Yo soy el que soy”“Yehováh”. Estos nombres aparecen de manera intercambiable, es decir, primero uno, pero luego Yehováh aparece en lugar del otro, ¿Porqué?

La respuesta está no tanto en el nombre en sí, sino en el significado y la esencia del mismo. Yo soy el que soy, proviene del verbo “ser”. Interesantemente, este verbo no puede ser conjugado en tiempo presente en el hebreo. De hecho, “Ehié” no significa “soy” sino “seré”, en futuro. También puede ser entendido como el presente continuo, “siendo”. El nombre Yehováh, esas cuatro letras en Hebreo, constituyen una palabra única en la lengua, y probablemente única en el mundo, en la que el verbo ser está conjugado en pasado, presente y futuro

הָיָה (haya) —> fue

הֹוֶה (ové) —> es

יהִיֶה (yhié) —> será

En otras palabras, Yehováh es aquel que existe más allá de nuestra percepción limitada del paso del tiempo. El es el ETERNO.


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¿Qué es un Omer?

Si llevas al menos un año celebrando las Fiestas Bíblicas, habrás notado que una de las Fiestas más importantes, de hecho, una de las tres llamadas Fiestas de Peregrinación, en las que todo varón debía subir a Jerusalén, era la Fiesta de Shavuot, también llamada Pentecostés o, Fiesta de las semanas (shavuot significa semanas). Lo inusual acerca de esta Fiesta era que su celebración no caía en un día específico del calendario bíblico, sino que se celebraba (y se sigue celebrando) el quincuagésimo día (al día 50) de lo que se llama comúnmente “la cuenta del omer” (s’firat haOmer en hebreo).

¿Porqué se llama cuenta del omer, y que es un omer?

El mejor lugar para comenzar nuestra búsqueda es en Levítico 23:

Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. (Lev 23:10)

La palabra gavilla en hebreo es omer (עֹמֶר), y se está hablando del omer  “de las primicias”. Este es un detalle importante, ya que determina el momento en el que las siete semanas se comenzaban a contar; esto es desde el día en que se presentaban las primicias.

Esta es la razón porque la llamamos “la cuenta del omer”. Más explícitamente podría llamarse “la cuenta (de los días) desde la ofrenda del omer (de las primicias)”.

Entendemos ahora porqué se llama cuenta del omer, pero nos falta ahora entender qué es un omer

La respuesta simple sería que es una unidad de medida que se utilizaba en tiempos bíblicos. Tal como en nuestros días, existían entonces maneras de cuantificar medidas de longitud, de peso y de líquidos entre otras. Un omer forma parte de las medidas para cuantificar el volumen de cosas secas, tal como podría ser una medida de harina para una ofrenda, o, en este caso, la cantidad de cebada que debía presentarse en el día de las primicias.

Un omer era una décima parte de una efá (Éxodo 16:36). Otra medida conocida era la se’á, que era un tercio de una efá. Una efá son aproximadamente 22 litros en medidas modernas. Atención: a pesar de que litros es una medida para líquidos, es utilizada también en tiempos modernos para determinar el volúmen de algo, por ejemplo, el espacio que hay en una mochila (morral) de viajes. De la misma manera, la medida del omer se refiere a “la cantidad de algo” de acuerdo a la capacidad de un recipiente de un omer (el peso puede ser distinto de acuerdo a la densidad de distintos elementos).

La primera vez que esta palabra aparece en las Escrituras es en Éxodo 16:16, en donde la palabra omer ni siquiera fue traducida (!!!):

Esto es lo que Yehováh ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer (omer) por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.

A medida que contamos los 49 días de la cuenta del omer, recordamos también el maná con el que Yehováh alimentó a los hijos de Israel, del cual cada familia tomaba exactamente una medida de un omer por día.

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Pésaj (פֶּסַח) – La Pascua

A pesar de que la palabra Pascua es asociada con la Pascua católica, en donde los huevos y conejos de chocolate son elementos tradicionales, la palabra “Pascua” en sí es una palabra que encuentra su origen en la lengua hebrea. Fue a través de la palabra griega Πάσχα (pronunciada ‘pasja’) que esta palabra llegó al español, y el griego la tomó a su vez del original hebreo פֶּסַח (pronunciado ‘pésaj’). El origen de esta palabra se remonta a la tierra de Egipto, en donde el primer Pésaj ocurrió hace más de 3400 años.

Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua (pésaj, פֶּסַח) de Yehováh. (Éxodo 12:1)

Aquí podemos ver cómo la palabra pésaj fue originalmente utilizada; no como el nombre de una fiesta o celebración, sino como el nombre de un sacrificio, que a su vez sería comido por cada familia. Vemos en este versículo como el pésaj se “comía apresuradamente”. Cabe aclarar que a partir de este sacrificio y evento, la palabra Pésaj fue adoptada para denominar esta celebración. En el siguiente versículo vemos como el rey Josías celebra  el pésaj, además de sacrificar el pésaj: 

Josías celebró la pascua (pésaj) a Yehová en Jerusalén, y sacrificaron la pascua (pésaj) a los catorce días del mes primero. ( 2 Cro 35:1)

Lo siguiente que veremos en este estudio es el origen de esta palabra en el hebreo. Veíamos acerca de ese primer pésaj que debía comerse de manera apresurada cuando fue ordenado por primera vez. Unos versículos mas adelante, las Escrituras Hebreas indican de manera inequívoca la razón por la cual el pésaj recibió ese nombre, y lamentablemente esto es algo que no puede verse en español ni en ninguna otra lengua fuera del hebreo. La palabra pésaj proviene del verbo hebreo pasaj (פָּסַח), que significa “pasar”. Es interesante ver incluso cómo el hebreo y el español comparten esta similitud fonética entre las palabras pasaj y pasar. La palabra viene del siguiente versículo:

Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré (pasaj) de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. (Ex 12:13)

Otro ejemplo muy bello que utiliza el verbo pasaj, se halla en el libro del profeta Isaías, que dice:

Como las aves que vuelan, así amparará Yehováh de los ejércitos a Jerusalén, amparando, librando, preservando (pasóaj y salvando. (Is 31:5)

En este ejemplo el verbo pasaj está conjugado de manera diferente, pero se trata de la misma raíz verbal y un significado muy parecido. En este caso el traductor asoció el verbo no simplemente con la idea de “pasar”, sino también con la idea de “preservar”. Es decir, se le dio a la palabra un significado más específico dado el contexto en el que Isaías la mencionó. Con base en esto, podemos ahora retornar al episodio del primer pésaj que sucedió antes del Éxodo, y asociar también esta idea de “preservar” con la idea original de «pasar por encima de las casas» en cuyas puertas estaba la sangre del cordero. En otras palabras, el pésaj nos enseña que a través de nuestra fe y confianza en la protección del eterno es cómo realmente Él nos preservará y guardará de que el mal no entre en nuestras casas.
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Bait (בָּית) – la Casa

La palabra bait, casa, está asociada con la letra bet, que es la segunda letra del alfabeto hebreo y la primera letra de la Torá, en la palabra b’reshit  (en el comienzo). Tradicionalmente, esto fue entendido como que el Creador creó al principio una casa (bait) en donde puso a Su creación.

La palabra bait en hebreo no es meramente una casa construida con materiales de construcción en donde una persona o familia viven. Es mucho más que eso.

Cuando en hebreo se lee “la casa de” tal persona o de otra, esto se está refiriendo a su familia. Así, cuando dice “Entra tú y toda tu casa en el arca (Gen 7:1) o “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre” (Gen 12:1), se está refiriendo a la familia. Tal vez los ejemplos más famosos sean cuando se habla de la casa de Israel: 

Venid, oh casa de Yaacob, y caminaremos a la luz de Yehováh. (Isaías 2:5)

La Biblia está repleta de ejemplos de la “casa” de tal persona o de tal otra, siempre asociándolo con su familia, su pueblo, su heredad. 

Otra acepción interesante de la palabra bait tiene que ver con la preposición “dentro”. Tal como una casa se construye para vivir dentro de ella, la misma palabra puede utilizarse para describir en donde se encuentra un objeto o sujeto, en relación con otro. Por ejemplo:

Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. (Gen 6:14)

Se preguntará porque puse este ejemplo si la palabra casa no aparece allí… ¡Justamente para probar el punto! La palabra bait en este verso fue traducida como “dentro”. Obviamente no tendría sentido que el traductor hubiese traducido “la calafatearás con brea por casa y por fuera”. De acuerdo al contexto, esta palabra fue traducida como “dentro” a pesar de que la palabra que Noé hubiese escuchado de Dios hubiese sido la misma; bait.

Lo mismo sucede más tarde cuando se le ordenó a Moisés construir la “otra” arca (aunque las palabras hebreas son distintas: tevá es el arca de Noé y arón es el arca de la alianza) se cubrió en este caso con oro:

Y la cubrirás de oro puro por dentro (bait) y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor. (Éxodo 25:11)

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Rúaj haKodesh – El Espíritu Santo

Esta expresión se ha vuelto bastante popular en el movimiento mesiánico y de raíces hebreas en las últimas décadas. Sabemos que es una expresión compuesta. Por un lado tenemos el rúaj, qué es traducido como el espíritu y por el otro tenemos kodesh, qué es traducido como santo o santificado. Tal vez la parte más simple sea explicar primero, que kodesh no significa santo sino más bien separado

La palabra rúaj tiene un significado muy abarcativo y se conecta con todo lo etéreo, es decir, todo lo que no es físico. No necesariamente con el espíritu asociado con el alma al cual nos referimos cuando hablamos del término rúaj haKodesh, sino a cualquier cosa que no sea física, incluido el intelecto, nuestro estado de ánimo, o nuestros pensamientos y emociones en circunstancias específicas.

Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu (rúaj)
Isaías 31:3

Para explicar más sobre el significado de cuán versátil es la palabra rúaj dependiendo de la palabra con la que se encuentre conectada, considere los siguientes ejemplos:

A una persona se puede denominar como paciente o impaciente, dependiendo de qué tipo de espíritu posea: kotser rúaj (corto de espíritu) es una persona impaciente, mientras que erej rúaj (largo de espíritu) es una persona paciente. En el mismo versículo en Eclesiastés 7:8 menciona también al g’vá rúaj (espíritu alto); este es el “orgulloso”. 

El término ruaj haKódesh como tal, no aparece en las escrituras hebreas, pero una forma muy similar si aparece: junto con el posesivo. “Rúaj kodshejá”: Tu rúaj haKodesh, es lo que aparece en el salmo 51:11, cuando el rey David le ruega al Creador no ser despojado de Su espíritu. Es interesante notar cómo en el mismo salmo se habla también de “otros” espiritus: rúaj najón (espíritu “recto”, v10), rúaj nedivá (espíritu “noble”, v12) y por último rúaj nishbará (espíritu “quebrantado”, v17).

Mientras que es cierto que existe tal cosa como el espíritu de Dios (rúaj Elohim), y sabemos que como seres humanos lo podemos poseer, es importante tener en cuenta, a la luz de los ejemplos presentados en este artículo, que el rúaj no debe mirarse necesariamente como un término místico desconcertante, sino que se debe reflejar en nuestro carácter, emociones y temperamento. 

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Yehudí (יְהוּדי) -El significado de ser judío

Primero que nada me es necesario aclarar que estoy escribiendo este artículo como judío de nacimiento, además de por elección. Con el correr de los años mi entendimiento, y por consiguiente, mi definición acerca de lo que significa ser judío se ha expandido de manera significativa.

De acuerdo a la definición rabínica moderna, un judío es aquel que nació de vientre judío (es decir, que su madre es judía, independientemente de la religión del padre). También es judío aquel que se convierte a la religión judía.

Pero el término podría analizarse también desde otra perspectiva. Ahondemos en las Escrituras, ya que el término Yehudí (judío), tiene connotaciones más abarcativas y significados más profundos de los que normalmente le atribuimos. De cierta manera, se podría comparar en ciertos aspectos con el término Ivrí , o el nombre Israel (vea los artículos sobre estas palabras haciendo click en ellas) .

Hace dos mil años, un yehudí era todo aquel que vivía en el area de Yehudáh, además de practicar la religión judía. A esa área se la llamó Yehudá porque solía ser originalmente, cuando la tierra se dividió en los tiempos de Josué, la tierra correspondiente a la tribu de Yehudá, o Judá. Los límites de esta tierra se expandieron en los tiempos posteriores a Salomón, cuando existían dos áreas principales en Israel; el Reino de Judá (al sur) y el Reino de Israel (en las tierras de Samaria y Galilea, al norte).

Si nos regresamos a la persona en la que se origina este nombre, debemos remontarnos hasta los tiempos de Ya’akov, nuestro patriarca. Su cuarto hijo fue llamado Yehudá por su mamá, Lea, cuando dijo “esta vez alabaré (‘odé’, de la misma raíz que Yehudá) a Yehováh” (Génesis 29:35).

Otro versículo que nos ayudará con el contexto de lo que estamos examinando hoy, viene de otro yehudí, Shaul (Pablo), quien da su opinión al final del segundo capítulo de la epístola a los romanos:

Pues no se es un verdadero judío solo por haber nacido de padres judíos ni por haber pasado por la ceremonia de la circuncisión. No, un verdadero judío es aquel que tiene el corazón recto a los ojos de Dios. La verdadera circuncisión no consiste meramente en obedecer la letra de la ley, sino que es un cambio en el corazón, producido por el Espíritu. Y una persona con un corazón transformado busca la aprobación de Dios, no la de la gente”.

Pablo era un fariseo, y este pasaje debe entenderse en contexto. No hay duda de que él creía, tal como la religión judía de su tiempo, que  si un niño nacía de padres judíos era judío. Pero el está implicando aquí un significado más profundo a lo que quiere decir ser un yehudí. El nacer de determinados padres no determina la manera en que actuaremos en este mundo. Pablo está utilizando el término de yehudí para aquellos que “se lo ganan”, por así decirlo.

En este contexto, Yehudí sería “aquel que alaba a Dios con sus obras” (interpretación libre de Tzvi).

Por eso, sí, un yehudí es aquel que nació de padres judíos, como yo o Pablo; y también un yehudí es aquel que se convierte a la religión judía. Pero por sobre todas las cosas, un yehudí es quien actúa de manera recta y justa, con un corazón transformado para agradar al Creador.

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El Alfarero y la Vasija

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Isaías 64:8 nos dice:
«Tú eres nuestro Padre, nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros».

Nuestro padre es Yehováh, y en este verso Isaías nos dice que fue Él quien nos formó. Pon atención que, en particular, no se está hablando de Adam quien fue el primer hombre que «literalmente» fue formado del polvo de la tierra, sino que está hablando de «todos nosotros».

Aquel que nos formó, el que trabaja con el barro, con la arcilla, es El Alfarero. La palabra «alfarero» en hebreo es yotzer(יוצר), y está relacionada con la raíz del verbo formar (yatzar, יצר) en el verso de Isaías. El Padre es El Alfarero, y es Él quien nos forma. Pero, ¿Qué quiere decir que Él nos forma?

Una imagen profética muy impactante es el episodio que Jeremías experimenta en el capítulo 18:1-6

Palabra de Yehováh que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero (yotzer), y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Yehováh, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Yehováh. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

Aquí vemos como el alfarero trabaja en una vasija de la misma manera en que Yehováh trabaja con nosotros; es la misma idea que menciona Isaías.

Regresando a la pregunta planteada anteriormente, ¿qué quiere decir que Él nos forma? ¿que Él trabaja en nosotros? Obviamente, nuestro cuerpo ya esta formado desde el vientre de nuestra madre. Pero a lo largo de nuestra vida nosotros experimentamos todo tipo de situaciones que nos hacen crecer espiritualmente. El producto final que el Creador desea hacer de nosotros no tiene que ver con la belleza o perfección física, sino con un nivel espiritual.

¿Cómo se crece espiritualmente?

Esta es una parte que a muchos no les va a gustar, o mejor dicho, no le va a gustar a nuestra carne. Recuerda que el espíritu está en enemistad con la carne (Rom 8:7).

La manera en que el Creador nos ayuda a crecer espiritualmente es a través del sufrimiento de la carne. ¿Como lo se? Simple: en el hebreo, podemos encontrar la misma raíz de la palabra formar alfarero en palabras que asociamos con el sufrimiento.

Por ejemplo, la palabra tribulación, traducida como angustia en Jeremías 30:7 es tzará (צרה). La palabra para Egipto en hebreo es Mitzraim (מצרים), entendido como un lugar estrecho y de sufrimiento. El «camino angosto» del cual Yeshúa habla, es el camino tzar (angosto, sufrido).

De aquí es que podemos asociar el sufrimiento con el alfarero trabajando en nosotros. Todos estos ejemplos tienen que ver con nuestro sufrimiento, pero al mismo tiempo, con el nacimiento de un deseo insaciable de conectarse con el Creador, de llamarlo de en medio de nuestro llanto, de rendirse a Su voluntad para con nosotros.

En este contexto podemos entender como Shaúl (Pablo) dice en Romanos 5:3 que «nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia«.

Y también podemos entender como Ya’akov (Santiago) dice «tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.» (1:2).

La alegría dentro del sufrimiento es encontrada cuando nos damos cuenta que el Creador está trabajando en nosotros tal como el alfarero trabaja en su vasija. A través de la presión de sus dedos el moldea su pieza y elimina las asperezas. Cuando nos identificamos con el espíritu, en lugar de la carne, es cuando podemos apreciar y hasta regocijarnos, en tiempos de pruebas y tribulación.