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No procastines. Hoy debes renovar el Pacto con Yehováh

Nuestro Padre es atemporal y vive en un eterno presente.

¿Qué es Procastinar?

Es un término contemporáneo que significa diferir o aplazar.

Una manera elegante de decir: No

Antes de existir los supermercados, en las tiendas de barrio era usual que las familias vecinas abrieran cuentas para comprar sus alimentos fiados, con el propósito de pagarlos el fin de semana cuando recibieran su paga. Sin embargo cuando los clientes comenzaron a fallar su compromiso, los tenderos cerraron los créditos; y de manera coloquial y humorística, colocaron letreros que decían: “hoy no fío; mañana, sí”; así procastinaban, aplazaban, su servicio, y quedaban bien con sus clientes, pero ese día nunca llegaría.

Un «hoy» que siempre es presente

En Deuteronomio 29:10-15 nos hallamos con el caso contrario cuando Yehováh usa la palabra hoy, con el propósito de enfatizar la vigencia permanente del Pacto que había realizado con su pueblo Yisrael. Cinco de las ocho veces que aparece la palabra en este capítulo, están relacionadas directamente con dicho Pacto. Tales declaraciones fueron pronunciadas hace miles de años; pero cuando las leemos hoy, nos encontramos que todo su contenido es aplicable a nosotros hoy y nos afecta profundamente. Veamos esos versos:

Hoy todos vosotros estáis ante la presencia de Yehováh vuestro Dios: vuestros jefes, vuestras tribus, vuestros ancianos, vuestros oficiales, todos los hombres de Yisrael, vuestros pequeños, vuestras mujeres, y el extranjero que está dentro de tus campamentos, desde el leñador hasta el que saca tu agua, para que entres en el Pacto con  tu Dios, y en su juramento que Yehováh  tu Dios hace hoy contigo, para confirmarte hoy como pueblo suyo, y que Él sea tu Dios, tal como te ha hablado y como juró a tus padres Avraham, Yitsjak y Ya`akov. No con vosotros solos hago este Pacto y este juramento; ciertamente es con los que están hoy aquí con nosotros en presencia de Yehováh nuestro Dios y también con los que no están hoy aquí con nosotros.

Nuestro Padre es atemporal y vive en un eterno presente. De manera que para Él, ese día que habló fue su “hoy” tanto como lo es éste en el que estamos leyendo estos pasajes.

Cuando lo entendemos de esta manera, nos damos cuenta de que estamos incluidos en esa multitud que estuvo presente aquél día. Por si quedaran dudas, mira de nuevo con atención el verso 15:

ciertamente es con los que están hoy aquí con nosotros en presencia de Yehováh nuestro Dios y también con los que no están hoy aquí con nosotros.

Esto nos incluye a ti y a mí! No estábamos físicamente presentes en aquél “hoy”, pero lo estamos en el de este día: hoy. Y siendo que Yehováh no cambia, podemos estar seguros de que somos parte de ese pacto si realmente entendemos y aceptamos que hemos sido injertados en Israel mediante la obra de nuestro Mesías Yeshúa.

Como podemos concluir, Yehováh está expectante de que nosotros en nuestro presente, nuestro hoy, entremos en el Pacto que hizo con nuestros padres en el pasado. Desea que seamos Su pueblo y que le reconozcamos a Él como nuestro Dios. El asunto es que esto no es algo que se hace solo con una oración de fe; requiere de una forma de vida alineada con la Toráh porque de eso trata el Pacto en el que hemos entrado. (Ver tema: ¿La oración de fe nos salva?)

No procastinemos, no aplacemos. Hoy, tenemos la oportunidad de decir Sí a nuestro Padre, y cada día deberá ser de la misma manera, puesto que no solo la Toráh mantiene su vigencia por generaciones, sino que su obediencia es también la credencial que identifica al auténtico pueblo de Yehováh hoy y siempre.

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¿Vamos de nuevo camino a la esclavitud?

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¿Nos estamos moviendo de vuelta a un sistema totalitario y esclavizante? Demos una mirada a la cruda realidad que estamos viviendo, y comencemos a hacer la diferencia, porque para eso fuimos puestos en la tierra.

El séptimo día es shabbat para Yehováh tu Dios. No harás labor alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu animal, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Éxodo 20:10

Este es uno de los múltiples versos de la Toráh que hacen alusión al respeto que se debe tener hacia los siervos. Si bien en los tiempos en que fue escrita la Toráh, era una práctica aceptable “adquirir” ó “vender” a una persona como siervo, Yehováh establece una perspectiva humanitaria al respecto. Tales expresiones hoy nos parecen repulsivas, por cuanto hablar de comprar o vender un ser humano no solo es detestable sino cruel e injusto. Pero esta situación sigue ocurriendo en nuestros días solo que sutilmente disfrazada y utilizando otros nombres. 

Tristemente, conforme avanza nuestra sociedad, cada vez los empleados se parecen más a los esclavos de la antigüedad. No es un secreto que existen patrones o dueños de compañías que se comportan como si también poseyeran las vidas de sus empleados o subalternos, manteniéndolos amedrentados bajo amenazas de despido, si es que no actúan conforme a sus caprichos, y les hacen sentir como personas sin valor al enfatizarles que son individuos prescindibles o en otras palabras, desechables y de fácil reemplazo, cuando ya no se ajusten a los deseos de sus jefes, gerentes, ejecutivos, supervisores o quien sea que ejerza autoridad sobre ellos.

Cuando a una persona se da trabajo pero sin darle días de descanso, o bien condicionándoselos a las necesidades de la empresa, cuando el salario no corresponde con el esfuerzo o la capacitación que exige tal empleo, cuando se establece una diferencia de pago según el sexo de la persona, entonces estamos ante condiciones de esclavitud, porque el empleador teniendo conocimiento de que hay decenas o cientos de potenciales empleados, se aprovecha de tal circunstancia para hacer demandas que calificamos de detestables, crueles e injustas, y usamos así las mismas palabras que describen lo que sentimos ante el concepto de la trata de personas mencionada anteriormente.

¿Estás en una posición de autoridad en tu trabajo?

Cualquiera que sea el nivel de autoridad que manejes en tu lugar de trabajo, tienes la responsabilidad (si es que eres un seguidor de Yeshúa), de actuar conforme a las instrucciones de Yehováh al respecto (Exodo 21:2-6; Efesios 6:9)

El propósito de nuestro Creador no es ampliar la cantidad de personas subyugadas, sino permitir que quienes están mejor capacitados ayuden a los menos favorecidos. Así es que, un patrón o jefe que teme a Yehováh y respeta Sus decretos u ordenanzas, respetará también a sus empleados o subalternos preocupándose diligentemente por el bienestar de ellos y de los suyos.

¿Eres subalterno?

En este caso tenemos en las cartas de Shaúl (Pablo)  principios de la Toráh que él provee en Efesios 6:5-8 y Colosenses 3:22-24, enseñado claramente que la actitud que debemos tener cuando realizamos un trabajo o hacemos un servicio, debiera ser la misma que si tal acción la estuviésemos haciendo para nuestro Padre. En eso consiste ser luz en un mundo de tinieblas.

Esta actitud no impide que anhelemos progresar en el trabajo o ascender, como se dice mas popularmente; es más bien un llamado a evitar la mediocridad, la irresponsabilidad y la falta de testimonio, cosas por las cuales el Nombre de Yehováh y de Yeshúa son menospreciados entre quienes conocen de nuestra identidad espiritual. Actuar con integridad en el trabajo abre las puertas para escalar a posiciones mejores porque realmente quien está detrás de todo, es Yehováh y quizás te está entrenando por medio de tales experiencias para que puedas ejercer cargos de mayor cuidado y responsabilidad cuando llegues a Su Reino.

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¡Vivimos conectados!
Pero… ¿a qué?

La Toráh es un pozo profundo lleno de enseñanzas atemporales, es decir siempre aplicables, y necesitamos mantenernos conectados a ella.

En el presente vivimos obsesivamente conectados a las redes sociales y a los medios de comunicación, pretendiendo así, suplir la soledad emocional que resulta de una vida llena de actividades, distracciones, diversiones y demás.

¿Pero acaso tales conecciones nos traen paz? ¿satisfacción?, ¿realmente mejoran nuestro carácter y nos ayudan a crear y desarrollar relaciones significativas con otras personas? Si somos honestos tendremos que responder negativamente.

Entonces, ¿Por qué no examinar nuestras «conexiones», para hacer los ajustes pertinentes desconectándonos de lo que nos hace daño? ¿Por qué no conectarnos a algo que nos traiga paz, que nos provea dirección, que nos haga cada día mejores personas, nos ayude a mejorar nuestras relaciones personales y nos convierta en agentes de cambio para hacer de este un mundo mejor?

La única fuente de Verdad que en realidad tiene todos estos efectos en nosotros, es la Palabra de Yehováh. No hablo de su conocimiento tangencial, o simplemente de oidas, porque eso es lo que ha estado haciendo la gente que nos rodea desde hace mucho tiempo, y no vemos efecto alguno significativo en sus vidas. Hablo de conocer la Palabra en su contexto original. No hablo de seguir el modelo que hemos heredado del Jesús griego que ha llegado hasta nosotros, sino del modelo mostrado por el Yeshúa hebreo, quien vivió como judío, obedeciendo los Mandamiento de Yehováh: La Toráh.

Veamos brevemente los efectos de la Palabra en quienes decidimos conectarnos con ella más a fondo:

  • Nos entrena a tratar a los demás con Justicia: Éxodo 20
  • Nos enseña un estilo bondadoso de vida: Salmo 119
  • Es una fuente de bendición: Deuteronomio 28:1-14
  • Nos conduce a una mejor relación con Yeshúa. Lucas 24:44-45

Siendo que la Toráh es un pozo profundo lleno de enseñanzas atemporales, es decir siempre aplicables, necesitamos mantenernos conectados a ella, llevando a cabo una lectura cíclica que nos permitirá comprenderla cada vez un poco más.

Sus enseñanzas permanecen ocultas para el lector casual; pero tienen un efecto contundente en quienes recurrimos a ella de manera asidua. Es necio de nuestra parte, subestimar el efecto de la Palabra en nuestras vidas. Con razón Yehováh le recalca a Josué:

esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de hacer conforme a toda la Toráh que mi siervo Moshé te ordenó. No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que tengas buen éxito dondequiera que vayas. No se aparte de tu boca el Libro de esta Ley. De día y de noche meditarás en él, para que cuides de hacer conforme a todo aquello que está en él escrito, porque entonces harás próspero tu camino, y tendrás buen éxito. Josué 1:7-8

Una poderosa razón para conectarse bien

Consideremos finalmente, que la Toráh es el Fundamento sobre el cual nuestro Padre apoyó la revelación que hizo de Sí mismo y de sus planes, tanto a los profetas como a los demás autores de las Escrituras, por tanto haremos bien en seguir el consejo del apóstol Shaúl (Pablo) a Timoteo teniendo en cuenta que cuando él se está refiriendo a «las Escrituras» habla de lo que conocemos como el Antiguo Testamento (en hebreo, el Tanaj):

Pero tú persiste en lo que aprendiste y fuiste persuadido, sabiendo de quiénes aprendiste, ya que desde niño conoces las Sagradas Escrituras (el Tanaj), las cuales pueden hacerte sabio en la salvación que por la fe hay en Yeshúa el Mesías.

Toda la Escritura (Tanaj) es inspirada por Yehováh, y es útil para la enseñanza, para la refutación del error, para la corrección, para la instrucción en la justicia, a fin de que el hombre de Dios esté completamente calificado, equipado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:14-16

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¿Habrás sido hostil hacia Yehováh?

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Vergonzosamente, muchas veces nosotros actuamos de manera hostil ante las Instrucciones (Toráh) de Yehováh

¿Te has encontrado alguna vez de frente con un perro hostil? No importa que tengas una actitud amigable o temerosa o neutra, él siempre te mostrará los dientes tratando de amenazarte o agredirte.

Vergonzosamente, nosotros actuamos de la misma manera muchas veces ante las Instrucciones -Toráh de Yehováh.

Para ayudarnos en la compresión del tema, veamos un par de definiciones:

  • Hostil: contrario o enemigo. 

  • Hostilidad: indica una actitud provocativa y contraria, generalmente sin motivo alguno, hacia otro ser vivo. Implica una conducta abusiva y agresiva que puede reflejarse en violencia emocional o física, ya sea de una sola persona, de un grupo pequeño o de una gran cantidad de gente, y estar dirigida, de igual forma, a uno o más sujetos.

Hay perros hostiles, que muerden la mano de su amo.

Levítico 26:14 -41 nos declara de manera precisa y muy detallada lo que Yehováh considera hostilidad hacia Él: Desobediencia a la Toráh, rechazo y desprecio de sus leyes y quebrantamiento del Pacto que hicimos con Él.

Esto fue precisamente lo que hicieron nuestros padres, cuando habiendo sido exiliados por mano de los Asirios, fueron expulsados de la tierra que Yehováh nos había entregado como herencia.

De una manera consistente, ellos prefirieron abandonar la instrucción que Yehováh les había provisto para que fueran la nación más bendecida de la tierra. Entonces sustituyeron la Verdad por la mentira que los esclavizó y les llevó a vivir en condiciones deplorables.

En el pasaje, Yehováh advierte tres veces, en los versos 21, 24 y 28 que si al traer disciplina sobre ellos, no hay reacción, entonces multiplicaría el castigo por siete. Y eso es lo que finalmente se cumplió porque la Casa de Israel, que originalmente debía estar en el exilio por 390 años de acuerdo a Ezequiel 4:5, ha estado en tal condición por 2730 años (390×7).

El tiempo de este exilio terminó alrededor del año 2009, cuando comenzó este despertar e interés por la identidad Hebrea. Pero siempre la pregunta permanece: ¿Continuaremos hostiles hacia Yehováh? Es decir, ¿mantendremos una actitud de desprecio por la Toráh, por sus estatutos, ordenanzas, mandamientos, reglas, celebraciones y testimonios quebrantando el Pacto que hicieron nuestros padres?

El propósito de Yehováh al darnos su Toráh no fue otro que equiparnos para vivir protegidos por Él y sus bendiciones. En la Toráh nos está revelando, en parte, la manera como organizó su Creación y cómo esta funciona; por eso, si seguimos sus instrucciones lograremos sincronizarnos con Su Plan y nuestras vidas tendrán sentido. Pero ignorarlas o contaminarlas añadiendo cosas o mezclándolas con tradiciones y costumbres heredadas, es asumir una actitud hostil, desconfiada, agresiva y rebelde que traerá consecuencias funestas a nuestras vidas.

Si a pesar de todo esto no me obedecéis, sino que procedéis con hostilidad contra mí, entonces Yo procederé con hostilidad airada contra vosotros, y yo mismo os castigaré siete veces por vuestros pecados.

Levítico 26:27–28, LBLA

Ahora bien, la hostilidad de Yehováh no es comparable con la nuestra. Es curioso, porque nuestra hostilidad hacia Él, nos afecta a nosotros principalmente por las consecuencias que conlleva. El no se ve afectado en lo absoluto. Y con la hostilidad de Yehováh hacia nosotros, también llevamos las consecuencias! solo que peores… o mejor dicho multiplicadas por siete! 

Seamos buscadores de la misericordia y gracia de nuestro Padre en lugar de provocar su hostilidad porque siempre llevaremos las de perder; y cosa difícil y dolorosa será enfrentarnos con ella.

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Pesaj, inicio de la práctica del Shemá

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Oye, Israel: Yehováh nuestro ‘Elohim, Yehováh, uno es. Amarás a Yehováh tu ‘Elohim con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón, y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas sentado en tu casa, andando por el camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás como señal sobre tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos. Y las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas.
Deuteronomio 6:4-9

Esta porción ha sido memorizada por cada Israelita a lo largo de la historia, hasta el presente. Es lo primero que decimos al levantarnos y lo último que decimos al acostarnos cada día (lo cual es una excelente manera de tener presente el mandamiento) y constituye también las últimas palabras de un moribundo; tal es su importancia.

Cuando en ésta porción se nos habla de amar, no se refiere a las expresiones sentimentales que acostumbramos a proferir a quienes son objeto de nuestro afecto. Amar, como lo aclaró Yeshúa es obedecer: Juan 14:21,23:

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama…
…Si alguno me ama, guardará mi palabra…

Y en la porción de Devarim (Deuteronomio), conocida como El Shemá, se nos dice cómo obedecer:

  • Con todo tu corazón
  • Con todo tu ser
  • Con todas tus fuerzas 

Entonces cabe la pregunta: ¿Tiene tu obediencia esas características? Porque esa expresión de amor es la que Yehováh espera de nuestra parte, más que danzar y gritar:  “te amo, te amo, te amo” al ritmo de cualquier música, como si fuera un mantra oriental en una reunión o a solas; expresiones que no son del todo reprobables, pero que son totalmente insuficientes.

La obediencia a las Instrucciones o Toráh entregada por Yehováh, es la única garantía para mantenernos en el camino estrecho y para lograr pasar por la puerta también estrecha, que conduce al Reino, ¡y qué pocos son los que la hallan!

Quizás te preguntas cuáles mandamientos debes obedecer. Y la respuesta es: todos los que halles en la Palabra y que se apliquen a tu condición. Solo los mandamientos relacionados con los rituales en el Templo, perdieron su vigencia por cuanto el Templo fue destruido en el año 68 D.C. Sin embargo todos los demás mandamientos mantienen su vigencia: Festividades, memoriales y todos los que tienen que ver con nuestras relaciones con Yehováh, con nuestros semejantes y con el cuidado de la Creación.

La segunda parte del Shemá, nos entrega una gran responsabilidad: Educar, instruir, enseñar a las nuevas generaciones las maravillas de Yehováh. El libro de los Salmos declara:

Yehováh estableció un decreto en Yaakov (Jacob), ordenó una Toráh en Yisrael; encargó a nuestros padres que la diesen a conocer a sus hijos; para que la conozca la generación futura, los hijos que han de nacer, para que los que se van levantando la cuenten a sus hijos; para que pongan en Elohim su confianza y no olviden las obras de ‘El (Dios) sino que observen sus mandamientos; para que no sean como sus padres, generación terca y rebelde, generación de corazón inconstante y cuyo espíritu fue desleal a ‘El.
Salmo 78:5-8

¿Y qué tiene que ver el Shema con Pesaj?

Al comenzar un año, Pesaj es la primera de las celebraciones de Yehováh que da inicio a Matzot – Panes sin Levadura, y es la mejor ocasión para poner en práctica lo que dice el Shemá, inculcando a nuestros hijos las verdades de la Toráh, mientras llevamos a cabo la celebración y les contamos el relato de la gran salvación que hizo Yehováh en nuestro favor.

Así que toma un tiempo para conmemorar nuestra salida, tu salida de Egipto (el mundo), y comunica a tus hijos las cosas grandes que hizo Yehováh por ti.

Shalom.

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