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Hebruñol… ¿La lengua de las Raíces Hebreas?


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Cuando Yehováh se oculta de nosotros

¿Te ha sucedido, que algunas veces tus oraciones parecen rebotar del techo donde estás, y parecen no llegar a su destino: El trono de Yehováh?

A lo largo de nuestras vidas, múltiples veces tenemos la «sensación» de haber sido dejados de lado; la «impresión» de que Dios está enojado con nosotros porque no llenamos sus expectativas y quizás acompaña a otros mejores que nosotros, por lo cual nos merecemos estar en un segundo o tercero o último plano para Él.

Pero no. Estas no son más que eso: Sensaciones e impresiones. Y estas son solo emociones fluctuantes que dependen mucho de nuestro estado de ánimo o incluso de nuestra salud física. Nuestras emociones nunca serán un terreno lo suficientemente firme para apoyarnos con confianza y para hacer buenas decisiones, porque, particularmente nosotros los latinos, somos muy dados a depender de nuestros estados de ánimo: Nos sentimos alegres, entonces damos afecto y compartimos «lo que sea»; pero si nos sentimos decaídos, tendemos a aislarnos, a auto-conmiserarnos, a sentirnos víctimas y fácilmente bajamos la guardia.

La historia de Purim, es precisamente una gran lección de porqué no debemos depender de los sentimientos ni de la apariencia de las circunstancias. En toda la historia narrada en el libro de Ester, el nombre de Yehováh ni siquiera se nombra, lo que le valió al libro haber sido sacado durante algunos años del Canon de la Biblia; pero el hecho de que su nombre no estuviera allí, no significa que Él hubiera estado ausente. Cierto: ¡No es visible su nombre! Pero cuando leemos toda la narración, es innegable que era Yehováh quien estaba conduciendo todos los hilos de esa historia, con gran maestría y habilidad.

Hubo momentos en los que los protagonistas titubearon, temieron, y casi se entregaron. Pero la fe un hombre: Mardoqueo, hizo la diferencia. Mardoqueo fue una persona que no se dejó llevar de las apariencias ni de las impresiones; actuó con determinación, y con esta frase central del libro, logró que las cosas cambiaran para bien de nuestro Pueblo:

Mardoqueo mandó que respondieran a Ester: No creas dentro de tu alma que has de escapar en la casa del rey más que cualquier otro judío. Por cuanto si en este momento callas, socorro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis, y ¿quién sabe si para un tiempo como éste has llegado al reino? Ester 4:13–14,

Y aquí esta la lección para nosotros: Mardoqueo entendía que Yehováh había encaminado tiempo atrás a Hadasa (Ester), para ser la reina de Asuero (Ajarverosh) y eso la colocaba en un aposición de privilegio, pero también de gran responsabilidad.

Cuando entendemos que Yehováh es absolutamente soberano y que Él es quien está a cargo del desarrollo de la historia humana, entonces somos capaces de enfrentar cualquier adversidad, no sin preguntar: ¿Cuál es mi rol en esta historia? Porque Yehováh nunca se ausenta ni de nuestra vidas, ni de Su Plan. Más bien los tiempos en que parece estar «oculto» es cuando nuestra fe es puesta a prueba para demostrar que somos fieles y que quizás «para una ocasión como esa que tú estás viviendo, has llegado a este mundo».

La fe es una roca sólida que nos da estabilidad y seguridad cuando nuestros sentimientos tambalean; por tanto no te dejes engañar por sentimientos o sensaciones; mira a Yehováh, el Creador Eterno y Padre Nuestro y pregúntale: ¿Qué es lo que esperas que yo haga? Y determina actuar a pesar de cómo te sientas o de la apariencia de las circunstancias.

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Cuatro lecciones que aprendemos del Éxodo

Lección 1

Estamos en entrenamiento. Con facilidad olvidamos las grandes manifestaciones de Yehováh a nuestro favor y nos sentimos abandonados e impotentes. Pero Yisrael estaba en entrenamiento al igual que nosotros hoy; nuestros padres necesitaban aprender a vivir en dependencia total de su Elohim y Libertador; necesitaban aprender que también era Proveedor, Protector, Legislador  y Juez. Yehováh tomó al pueblo de la misma manera que se adopta un hijo que requiere de amor, pero también de dirección y corrección.

“…sino que trato con severidad mi cuerpo, y lo reduzco a servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo quede descalificado.” 1 Corintios 9:27

Lección 2

Los momentos amargos, pueden tornarse dulces. Cuando en medio del dolor y las dificultades acudimos a Yehováh por medio de Yeshúa, nuestras amarguras son cambiadas recibimos fortaleza y la vida se torna más dulce por Su presencia.

Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Yehováh vuestras peticiones con acción de gracias, y la paz de Yehováh, que sobrepuja a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Yeshúa HaMashíaj.” Filipenses 4:6–7

Ante la queja del pueblo por la falta de comida, Yehováh envió codornices e hizo provisión del maná. Las instrucciones fueron precisas respecto a lo que deberían recoger entre semana y en particular el sexto día, víspera del Shabbat. Nótese que para entonces el pueblo ya tenía conocimiento del Shabbat a pesar de que la Toráh (Ley) no había sido aún entregada.

Lección 3

Parte vital del entrenamiento es aprender a depender de Yehováh día a día. Observemos que la oración de Yeshúa conocida como el Padre Nuestro, incluye la petición de recibir la provisión de alimento diario del Padre:

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Lucas 11:3

La respuesta de nuestros padres yisraelitas a las duras pruebas que tuvieron durante su estadía en el desierto es un ejemplo y una advertencia para nosotros los seguidores de Yeshúa, el Camino. Ellos a pesar de haber sido sacados de Mitsráyim y de haber visto las maravillas de Yehováh, no pudieron entrar en la tierra prometida debido a su incredulidad; y la generación que fue testigo de todas esas manifestaciones, pereció en el desierto. 

Lección 4

La salvación no la tenemos garantizada. Muchos que han sido hallado a Yeshúa, se quedarán por el camino, porque toman la senda ancha y evitan el sendero estrecho que conduce a la puerta estrecha. De tan gran multitud de personas mayores de 20 años que salieron de Mitsráyim, solo dos: Yahoshúa (Josué) y Kaleb entraron en la Tierra Prometida. Así mismo, son muy pocos los perseverarán hasta el fin y entonces serán salvos.

Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi Nombre, pero el que perseveró hasta el fin, éste será salvo.” Marcos 13:13

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Tienes ojos… ¿y no ves? Oídos… ¿Y no oyes?

El pueblo de Yisrael entró voluntariamente en el pacto que implicaba cumplir la Toráh (Instrucciones) de Yehováh. Era de esperarse que haría lo mejor por cumplirlo. Sin embargo pareciera que su compromiso fue algo para salir del paso, porque cuando hablaron, estaban aterrados por el espectáculo de escuchar directamente la voz de Elohim.

La historia nos narra los continuos fracasos de Yisrael hasta finalmente llegar a abandonar a Yehováh y reemplazarlo por dioses falsos. 

De manera similar, quienes afirmamos ser seguidores de Yeshúa, en algún momento hicimos una decisión voluntaria y libre.  Nadie nos la impuso. Pero tal decisión, también llevaba implícito un compromiso de seguir Sus caminos, es decir de obedecer sus instrucciones. Esto es lo que significa «someter mi vida a Él como Señor». Por tal razón, Yeshúa pregunta:

 ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
Lucas 6.46
 

Comparemos este verso con Deuteronomio 26:17:

(Yisrael), hoy has declarado solemnemente que Yehováh es tu Elohim, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos para obedecer su voz.
 Yisrael, había tomado una decisión similar a la nuestra: Declarar que Yehováh sería su Señor y su Elohim (Dios), y que por tanto seguiría sin vacilación alguna los mandamientos y demás instrucciones dadas por Él. Como bien lo sabemos, el pueblo de Yisrael no cumplió.  ¿Por qué no pudo hacerlo? ¿Nos sucede lo mismo a los seguidores de Yeshúa?

La verdadera razón del fracaso

A la apostasía no se llega de golpe. Es un proceso lento y sutil por el que somos arrastrados, haciendo uso de nuestro razonamiento para justificar la desobediencia. Por supuesto que la teología cristiana tradicional que nos han enseñado, es una gran aliada en este proceso cuando nos dice: «Jesús, abolió la Ley»; «obedecer los mandamientos es legalismo»; «el Antiguo Testamento no está vigente» etc. Mentiras todas, tan bien articuladas que las aceptamos sin reparo, porque estamos convencidos de que los teólogos son los que saben y además nos da pereza investigar.

Así, nuestros ojos son cegados poco a poco al igual que nuestros oídos son ensordecidos. Mientras tanto jugamos a la religión yendo a la iglesia sin falta, sirviendo en ella incluso frenéticamente, diezmando y quizás hasta evangelizando! Tanto que no nos queda tiempo para escudriñar la Palabra y cuestionar lo que no está de acuerdo con ella.

El «activismo ministerial» nos permite llevar una vida de tolerancia al pecado y de conveniencia social para no parecer fanáticos legalistas; porque la otra mentira que se nos enseñó es que: obedecer los Mandamientos es renunciar a la obra salvadora del Mesías! Habrase visto…! Corrijamos de una vez por todas esa falsedad y el engaño de esa mentira observando lo que Moshé le dice a Yisrael:

 …hasta el día de hoy Yehováh no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Deuteronomio 29:4

El verso pareciera hacer responsable a Yehováh de la dureza de corazón de nuestros padres israelitas, mas no es así. El pueblo había tenido suficientes evidencias (vs: 5-7) para concluir cuál es el carácter de su Elohim Protector y Benefactor; pero a causa de su estilo de vida pagano y alejado de Él, tan arraigado, habían blindado su corazón, siendo insensibles de manera que no podían ni entender, Quién actuaba a su favor, ni ver la mano poderosa de Elohim día tras día y mucho menos oír su voz dirigiendo sus vidas.

Pero lo que realmente hace Moshé es motivarles a buscar esa revelación de Yehováh para ellos. Y es lo mismo que puede suceder en nuestras vidas: Las circunstancias pueden parecernos bajo control, la vida desarrollarse de forma plácida y tranquila; o por lo contrario puede parecer fuera de control, llena de altibajos, de pruebas desgarradoras y difíciles; pero si no buscamos diligentemente a Yehováh por medio de Yeshúa para que nos de un corazón entendido, ojos para ver y oídos para oír, estaremos siempre considerándonos víctimas de nuestro entorno, o de las personas que nos rodean, perdiendo así de vista el propósito que nuestro Padre Eterno tiene con nosotros.

A esto hace alusión Yeshúa cuando expresa:

Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.  Mateo 25:29 

A una persona que se acerca a la Palabra buscando obedecer, más le será mostrado; el Ruaj (Espíritu) de Yehováh le dará más. Pero aquél que teniendo la oportunidad de crecer se limita por lo que ya conoce debido a la comodidad de permanecer en sus deleites, vicios y pecados ocultos, aún la poca luz que tiene le será quitada!

Un claro ejemplo de esto es el de Faraón en el tiempo del Éxodo: Ante los prodigios y señales evidentes, razonó y no aceptó el poder manifiesto de Yehováh; como resultado, su corazón se endureció; en otras palabras la luz que fluía de esas señales, en vez de iluminarlo más, lo cegó sumiéndolo en una profunda oscuridad, hasta llevarlo a la destrucción de su pueblo, de su ejército y de sí mismo en el mar.

Así mismo, quienes nos acercamos deseosos de conocer más, de mejorar nuestra obediencia, nuestro carácter, de agradar a nuestro Padre, recibimos como respuesta Suya más entendimiento, más luz, más discernimiento, y estas cosas son las que contarán en estos tiempos finales.

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¿Cómo ser una persona según el corazón de Yehováh?

Habiendo sido el rey David un hombre de guerra, tuvo que enfrentar muchas dificultades hasta el día de su muerte, en gran parte debido a errores que cometió. Esta es la realidad de la vida. Aún cuando Yehováh perdonó a David cada vez que éste se arrepintió, igual tuvo que enfrentar las consecuencias de sus actos.

Nosotros no somos la excepción. Las decisiones que hicimos en el pasado conllevan consecuencias que nos han alcanzado ó nos alcanzarán y con las cuales tendremos que vivir hasta el día que partamos. Si bien Yehováh como un Padre compasivo nos da valor, sabiduría y firmeza para enfrentarlas, no las podremos evadir.

La Escritura nos dice de este hombre que era conforme al corazón de Yehováh:

…Yehováh ha buscado para sí un hombre según su corazón, al cual Yehováh ha designado como caudillo sobre su pueblo…
1 Samuel 13:14

Pero entonces cabe la pregunta: ¿En qué sentido era David un hombre según el corazón de Yehováh? Porque cuando leemos su historia, lo que hallamos es un hombre plagado de errores algunos de ellos fatales y muy graves, como lo fue el asesinato de Urías el esposo de Betsabé, con quien cometió adulterio. ¿Acaso Yehováh se complace con el pecado? ¿Lo tolera? ¿Cómo es que identifica a David como un hombre según Su corazón?

Para responder a estas preguntas necesitamos definir la expresión: «Según su corazón». No significa que David fuera perfecto ó impecable como lo es Yehováh; significa que era un hombre capaz de reconocer sus errores y que tenía la voluntad para aprender a depender totalmente de Yehováh concediéndole el primer lugar en su vida.

De esto dan testimonio los Salmos. Por lo menos los 72 primeros fueron escritos por él (Salmo 72:20) y en todos ellos hallamos evidencias de arrepentimiento genuino; de declaraciones de dependencia absoluta de Yehováh; de proclamaciones de confianza en Su justicia; así como de reconocimiento de su fragilidad humana y sumisión sin reparo a la Soberanía de su Creador, entre otras cosas.

En estos Salmos no hallamos muestras de arrogancia, soberbia, altivez o autosuficiencia; eso sí, hallamos expresiones de dolor, de confusión, e incluso de deseos de venganza, pero todos estos sentimientos y emociones están expresados a Yehováh quien conoce el corazón, y puede sanarlo para evitar desatinos, revanchas, crueldad y demás manifestaciones propias de la naturaleza humana herida.

En otras palabras, tener un corazón conforme a Yehováh, consiste en:

  • Ser una persona transparente ante Él,
  • Expresarle todas las emociones propias ya sean éstas alegrías o frustraciones,
  • Reconocer las injusticias que uno ha cometido ante Él
  • Mostrar un genuino deseo de enderezar lo torcido en nuestra vida y
  • Comprometerse a crecer en la obediencia a Sus Instrucciones (Toráh).

En la vida de David, hallamos magníficas lecciones para motivarnos a levantar nuestros corazones de manera íntegra y con total sinceridad a Yehováh, con la certeza de que somos comprendidos por Él; y lo más importante: Que Yehováh no se queda rumiando nuestros errores pasados, sino animándonos a seguir adelante al supremo llamamiento que nos ha hecho.