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Cuatro lecciones que aprendemos del Éxodo

Lección 1

Estamos en entrenamiento. Con facilidad olvidamos las grandes manifestaciones de Yehováh a nuestro favor y nos sentimos abandonados e impotentes. Pero Yisrael estaba en entrenamiento al igual que nosotros hoy; nuestros padres necesitaban aprender a vivir en dependencia total de su Elohim y Libertador; necesitaban aprender que también era Proveedor, Protector, Legislador  y Juez. Yehováh tomó al pueblo de la misma manera que se adopta un hijo que requiere de amor, pero también de dirección y corrección.

“…sino que trato con severidad mi cuerpo, y lo reduzco a servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo quede descalificado.” 1 Corintios 9:27

Lección 2

Los momentos amargos, pueden tornarse dulces. Cuando en medio del dolor y las dificultades acudimos a Yehováh por medio de Yeshúa, nuestras amarguras son cambiadas recibimos fortaleza y la vida se torna más dulce por Su presencia.

Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Yehováh vuestras peticiones con acción de gracias, y la paz de Yehováh, que sobrepuja a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Yeshúa HaMashíaj.” Filipenses 4:6–7

Ante la queja del pueblo por la falta de comida, Yehováh envió codornices e hizo provisión del maná. Las instrucciones fueron precisas respecto a lo que deberían recoger entre semana y en particular el sexto día, víspera del Shabbat. Nótese que para entonces el pueblo ya tenía conocimiento del Shabbat a pesar de que la Toráh (Ley) no había sido aún entregada.

Lección 3

Parte vital del entrenamiento es aprender a depender de Yehováh día a día. Observemos que la oración de Yeshúa conocida como el Padre Nuestro, incluye la petición de recibir la provisión de alimento diario del Padre:

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Lucas 11:3

La respuesta de nuestros padres yisraelitas a las duras pruebas que tuvieron durante su estadía en el desierto es un ejemplo y una advertencia para nosotros los seguidores de Yeshúa, el Camino. Ellos a pesar de haber sido sacados de Mitsráyim y de haber visto las maravillas de Yehováh, no pudieron entrar en la tierra prometida debido a su incredulidad; y la generación que fue testigo de todas esas manifestaciones, pereció en el desierto. 

Lección 4

La salvación no la tenemos garantizada. Muchos que han sido hallado a Yeshúa, se quedarán por el camino, porque toman la senda ancha y evitan el sendero estrecho que conduce a la puerta estrecha. De tan gran multitud de personas mayores de 20 años que salieron de Mitsráyim, solo dos: Yahoshúa (Josué) y Kaleb entraron en la Tierra Prometida. Así mismo, son muy pocos los perseverarán hasta el fin y entonces serán salvos.

Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi Nombre, pero el que perseveró hasta el fin, éste será salvo.” Marcos 13:13

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¿Me debería vacunar? ó no…


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Tienes ojos… ¿y no ves? Oídos… ¿Y no oyes?

El pueblo de Yisrael entró voluntariamente en el pacto que implicaba cumplir la Toráh (Instrucciones) de Yehováh. Era de esperarse que haría lo mejor por cumplirlo. Sin embargo pareciera que su compromiso fue algo para salir del paso, porque cuando hablaron, estaban aterrados por el espectáculo de escuchar directamente la voz de Elohim.

La historia nos narra los continuos fracasos de Yisrael hasta finalmente llegar a abandonar a Yehováh y reemplazarlo por dioses falsos. 

De manera similar, quienes afirmamos ser seguidores de Yeshúa, en algún momento hicimos una decisión voluntaria y libre.  Nadie nos la impuso. Pero tal decisión, también llevaba implícito un compromiso de seguir Sus caminos, es decir de obedecer sus instrucciones. Esto es lo que significa «someter mi vida a Él como Señor». Por tal razón, Yeshúa pregunta:

 ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
Lucas 6.46
 

Comparemos este verso con Deuteronomio 26:17:

(Yisrael), hoy has declarado solemnemente que Yehováh es tu Elohim, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos para obedecer su voz.
 Yisrael, había tomado una decisión similar a la nuestra: Declarar que Yehováh sería su Señor y su Elohim (Dios), y que por tanto seguiría sin vacilación alguna los mandamientos y demás instrucciones dadas por Él. Como bien lo sabemos, el pueblo de Yisrael no cumplió.  ¿Por qué no pudo hacerlo? ¿Nos sucede lo mismo a los seguidores de Yeshúa?

La verdadera razón del fracaso

A la apostasía no se llega de golpe. Es un proceso lento y sutil por el que somos arrastrados, haciendo uso de nuestro razonamiento para justificar la desobediencia. Por supuesto que la teología cristiana tradicional que nos han enseñado, es una gran aliada en este proceso cuando nos dice: «Jesús, abolió la Ley»; «obedecer los mandamientos es legalismo»; «el Antiguo Testamento no está vigente» etc. Mentiras todas, tan bien articuladas que las aceptamos sin reparo, porque estamos convencidos de que los teólogos son los que saben y además nos da pereza investigar.

Así, nuestros ojos son cegados poco a poco al igual que nuestros oídos son ensordecidos. Mientras tanto jugamos a la religión yendo a la iglesia sin falta, sirviendo en ella incluso frenéticamente, diezmando y quizás hasta evangelizando! Tanto que no nos queda tiempo para escudriñar la Palabra y cuestionar lo que no está de acuerdo con ella.

El «activismo ministerial» nos permite llevar una vida de tolerancia al pecado y de conveniencia social para no parecer fanáticos legalistas; porque la otra mentira que se nos enseñó es que: obedecer los Mandamientos es renunciar a la obra salvadora del Mesías! Habrase visto…! Corrijamos de una vez por todas esa falsedad y el engaño de esa mentira observando lo que Moshé le dice a Yisrael:

 …hasta el día de hoy Yehováh no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. Deuteronomio 29:4

El verso pareciera hacer responsable a Yehováh de la dureza de corazón de nuestros padres israelitas, mas no es así. El pueblo había tenido suficientes evidencias (vs: 5-7) para concluir cuál es el carácter de su Elohim Protector y Benefactor; pero a causa de su estilo de vida pagano y alejado de Él, tan arraigado, habían blindado su corazón, siendo insensibles de manera que no podían ni entender, Quién actuaba a su favor, ni ver la mano poderosa de Elohim día tras día y mucho menos oír su voz dirigiendo sus vidas.

Pero lo que realmente hace Moshé es motivarles a buscar esa revelación de Yehováh para ellos. Y es lo mismo que puede suceder en nuestras vidas: Las circunstancias pueden parecernos bajo control, la vida desarrollarse de forma plácida y tranquila; o por lo contrario puede parecer fuera de control, llena de altibajos, de pruebas desgarradoras y difíciles; pero si no buscamos diligentemente a Yehováh por medio de Yeshúa para que nos de un corazón entendido, ojos para ver y oídos para oír, estaremos siempre considerándonos víctimas de nuestro entorno, o de las personas que nos rodean, perdiendo así de vista el propósito que nuestro Padre Eterno tiene con nosotros.

A esto hace alusión Yeshúa cuando expresa:

Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.  Mateo 25:29 

A una persona que se acerca a la Palabra buscando obedecer, más le será mostrado; el Ruaj (Espíritu) de Yehováh le dará más. Pero aquél que teniendo la oportunidad de crecer se limita por lo que ya conoce debido a la comodidad de permanecer en sus deleites, vicios y pecados ocultos, aún la poca luz que tiene le será quitada!

Un claro ejemplo de esto es el de Faraón en el tiempo del Éxodo: Ante los prodigios y señales evidentes, razonó y no aceptó el poder manifiesto de Yehováh; como resultado, su corazón se endureció; en otras palabras la luz que fluía de esas señales, en vez de iluminarlo más, lo cegó sumiéndolo en una profunda oscuridad, hasta llevarlo a la destrucción de su pueblo, de su ejército y de sí mismo en el mar.

Así mismo, quienes nos acercamos deseosos de conocer más, de mejorar nuestra obediencia, nuestro carácter, de agradar a nuestro Padre, recibimos como respuesta Suya más entendimiento, más luz, más discernimiento, y estas cosas son las que contarán en estos tiempos finales.

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¿Cómo ser una persona según el corazón de Yehováh?

Habiendo sido el rey David un hombre de guerra, tuvo que enfrentar muchas dificultades hasta el día de su muerte, en gran parte debido a errores que cometió. Esta es la realidad de la vida. Aún cuando Yehováh perdonó a David cada vez que éste se arrepintió, igual tuvo que enfrentar las consecuencias de sus actos.

Nosotros no somos la excepción. Las decisiones que hicimos en el pasado conllevan consecuencias que nos han alcanzado ó nos alcanzarán y con las cuales tendremos que vivir hasta el día que partamos. Si bien Yehováh como un Padre compasivo nos da valor, sabiduría y firmeza para enfrentarlas, no las podremos evadir.

La Escritura nos dice de este hombre que era conforme al corazón de Yehováh:

…Yehováh ha buscado para sí un hombre según su corazón, al cual Yehováh ha designado como caudillo sobre su pueblo…
1 Samuel 13:14

Pero entonces cabe la pregunta: ¿En qué sentido era David un hombre según el corazón de Yehováh? Porque cuando leemos su historia, lo que hallamos es un hombre plagado de errores algunos de ellos fatales y muy graves, como lo fue el asesinato de Urías el esposo de Betsabé, con quien cometió adulterio. ¿Acaso Yehováh se complace con el pecado? ¿Lo tolera? ¿Cómo es que identifica a David como un hombre según Su corazón?

Para responder a estas preguntas necesitamos definir la expresión: «Según su corazón». No significa que David fuera perfecto ó impecable como lo es Yehováh; significa que era un hombre capaz de reconocer sus errores y que tenía la voluntad para aprender a depender totalmente de Yehováh concediéndole el primer lugar en su vida.

De esto dan testimonio los Salmos. Por lo menos los 72 primeros fueron escritos por él (Salmo 72:20) y en todos ellos hallamos evidencias de arrepentimiento genuino; de declaraciones de dependencia absoluta de Yehováh; de proclamaciones de confianza en Su justicia; así como de reconocimiento de su fragilidad humana y sumisión sin reparo a la Soberanía de su Creador, entre otras cosas.

En estos Salmos no hallamos muestras de arrogancia, soberbia, altivez o autosuficiencia; eso sí, hallamos expresiones de dolor, de confusión, e incluso de deseos de venganza, pero todos estos sentimientos y emociones están expresados a Yehováh quien conoce el corazón, y puede sanarlo para evitar desatinos, revanchas, crueldad y demás manifestaciones propias de la naturaleza humana herida.

En otras palabras, tener un corazón conforme a Yehováh, consiste en:

  • Ser una persona transparente ante Él,
  • Expresarle todas las emociones propias ya sean éstas alegrías o frustraciones,
  • Reconocer las injusticias que uno ha cometido ante Él
  • Mostrar un genuino deseo de enderezar lo torcido en nuestra vida y
  • Comprometerse a crecer en la obediencia a Sus Instrucciones (Toráh).

En la vida de David, hallamos magníficas lecciones para motivarnos a levantar nuestros corazones de manera íntegra y con total sinceridad a Yehováh, con la certeza de que somos comprendidos por Él; y lo más importante: Que Yehováh no se queda rumiando nuestros errores pasados, sino animándonos a seguir adelante al supremo llamamiento que nos ha hecho.

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¡Yehováh te ha dado una pareja sin igual!

El título de este tema podría corresponder a cualquiera de las parejas existentes, porque cada una constituye la combinación única de un hombre y una mujer únicos, que traen consigo herencias culturales y familiares únicas, cuya formación, carácter, personalidad, físico y demás características los hacen únicos y por tanto la familia que componen también lo será.

Avraham y Sarah son un buen modelo que nos enseña muchas cosas. Una de ellas y quizás la principal, es que la fe no ofrece soluciones rápidas ni fáciles a los problemas que surgirán en nuestro camino.

De Avraham se dice que enfrentó diez pruebas a lo largo de su vida, que fueron demandando un aumento y madurez de su fe, como cuando se afinan las cuerdas de una guitarra, hasta que al final dio el tono esperado por Yehováh.

Las Diez Pruebas de Avraham

  1. El llamado a salir de su tierra y de su parentela.
  2. El hambre en Canaán, que le obligó a descender a Mitsráyim (Egipto)
  3. El secuestro de Sarah en Mitsráyim
  4. La guerra con los cuatro reyes, para rescatar a su sobrino
  5. La larga espera por un hijo y su relación con Hagar
  6. El Mandamiento de La circuncisión
  7. El secuestro de Sarah por Abimelej
  8. El exilio de Hagar luego de que Sarah dio a luz a Yitsjaq
  9. El exilio de Yismael
  10. La demanda de sacrificar a Yitsjaq (Isaac)

La vida de Avraham no fue nada fácil y aunque podríamos describir en detalle cada una de las pruebas y lo que significaron para él,  solo nos detendremos en aquellas que involucran directamente a Sarah.

Una relación de amor atemporal

Avram, atraído por la belleza exuberante de Saray, se une a ella y para su sorpresa resulta ser una mujer estéril. En la cultura oriental, esto se considera una señal de maldición; sin embargo Avram no la rechazó ni consiguió otra mujer, lo que hubiera sido lícito por tales circunstancias, en ese tiempo.

Más tarde al descender a Mitsráyim (Egipto), nos resulta un poco confuso que Avram le diera instrucciones a Saray para que se presentara como su hermana sin revelar que era su esposa, (la palabra «hermano/na era usada  para designar otros parentescos como primos, sobrinos, etc), es seguro que él nunca pensó que esto resultaría en el secuestro de ella para ser llevada al harén del faraón.

Avram tuvo que haber pensado algo como: «¿por qué se me ocurrió tal locura?», pues más fácil hubiera sido orar o confiar en la protección de Yehováh! Pero su fe había fallado y el mal ya estaba hecho. Imaginemos su situación: en Canaán, la situación se había vuelto difícil y comenzaban a pasar hambre; entonces descienden a Mitsráyim solo para perder a su esposa! Las cosas van de mal en peor. Sin embargo, su fe es llevada un peldaño más arriba, lo que suele suceder cuando en lugar de dar paso al resentimiento por los errores que cometemos, los llevamos a nuestro Padre y buscamos su ayuda.  Así debe ser: Cuando en medio de las circunstancias descendemos por nuestros errores, ¡es tiempo de ascender en la fe!

[Nosotros también] nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, un carácter aprobado, y el carácter aprobado, esperanza, y la esperanza no será avergonzada, porque el amor de Yehováh ha sido derramado en nuestros corazones por el Ruaj Kodesh que nos fue dado.
Romanos 5:3-5

No permitamos que los problemas y dificultades de la vida, nos conduzcan por el camino de la evasión de responsabilidades; recordemos los votos que hicimos cuando entramos en la relación matrimonial y busquemos la manera de solucionar esos desafíos.

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¿Por qué algunas de las Instrucciones la Toráh parecen caprichosas?

En toda la Escritura pero particularmente en la Toráh (el Pentateuco), hallaremos normas y leyes que parecen no tener sentido o que simplemente parecen caprichosas.

Efectivamente, muchos de los decretos entregados por Yehováh no son del todo comprensibles; pero tienen una razón de ser. Y aunque por ahora no descubramos del todo su significado, podemos estar seguros de que por lo menos están poniendo a prueba nuestra capacidad de obedecer, es decir, de seguir instrucciones. Basta regresar al relato de Génesis en el Edén.  Yehováh había advertido al hombre:

…y ordenó Yehováh ‘Elohim al hombre diciendo: De todo árbol del huerto come libremente, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás de él, porque el día que comas de él, ciertamente morirás. Génesis 2:16-17

Ahora pensemos por un momento en lo que las organizaciones de derechos humanos y similares hubieran dicho al haber estado presentes: «No es justo; si el árbol está ahí es para comerlo»; «es maltrato psicológico no poder acceder al placer de comerlo»; «amenazar con la muerte, es manipulación»; «eso es bulling»; etc.

Sin embargo había una razón: Puesto que el hombre fue creado para vivir en dependencia de Yehováh y confiando en Él, entonces debería tener la oportunidad de demostrar su confianza y lealtad decidiendo seguir Sus instrucciones; al fin y al cabo Yehováh le había provisto no solo la vida sino todo aquello que lo rodeaba. Pero sabemos el resto lamentable de la historia: el hombre decidió actuar independiente de su Creador.

Todo el contenido de las Escrituras, no es otra cosa que la historia de lo que Yehováh tuvo que llevar a cabo para darnos de nuevo la oportunidad de retornar al punto en el cual nuestro antepasado Adam tomó la decisión errada de apartarse de Él.

Así es que, gracias a la obra de Yeshúa, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de hacer la decisión correcta: Dejar nuestro bien y nuestro mal en Sus manos. Y parte de ese proceso tiene que ver con aceptar y seguir normas, reglas, decretos o leyes, cuyo propósito no entendemos con toda claridad.

Por ejemplo, al leer Levítico 6:12, uno se preguntaría:

  • ¿Qué necesidad de mantener el fuego encendido en el altar aún cuando no se estén ofreciendo sacrificios? Eso va contra la naturaleza, quemando madera sin necesidad, acabando los bosques… etc, etc. ó
  • ¿Por qué se debe presentar una décima de un efa de harina (Lev 6:20) y no un 25% o la mitad o todo el efa? ó
  • ¿Qué tiene de malo comer cerdo? Hoy esos animales son criados con altas normas de higiene! ó
  • ¿Qué necesidad de guardar el Shabbat o las Fiestas de Yehováh? Yo hago lo que me parece mejor y Él lo acepta porque lo hago de todo corazón!

Y así pueden surgir muchos argumentos contra cada mandamiento. Pero el punto importante aquí, es que nosotros, como pueblo de Yehováh, necesitamos ser entrenados en aprender a seguir instrucciones; aprender a obedecer. Esto es un hecho de crucial importancia porque Su Universo se mantiene gracias al orden que Él ha establecido y que todas sus criaturas y su Creación en general siguen y respetan, con excepción, claro está, de Ha-satán, sus huestes y nuestra humanidad caída.

Esto es similar al entrenamiento que hacemos con nuestros hijos (o que debiéramos hacer), al enseñarles a obedecer y respetar la autoridad. Si un niño no es entrenado en esto, crece como un monstruo sin control que terminará haciéndose daño a sí mismo y a la sociedad por supuesto.

El libre albedrío nos fue concedido precisamente para eso: para tener la oportunidad de hacer decisiones correctas. Pero necesitamos entrenarnos en el discernimiento del bien y del mal, siguiendo los parámetros definidos por Yehováh en su Toráh. Nuestra opinión allí no cuenta.

Yehováh como Creador, como Dueño y como Juez Supremo del Universo, tiene derecho a establecer las reglas de juego para quienes habitamos en Su Tierra. Y no solo nos da reglas, sino que  nos advierte del efecto que tendrá seguirlas o no hacerlo, porque Él como Diseñador sabe de la causa y efecto de cada cosa que creó. Al final, si no obedecemos, no le estamos causando ningún daño a Él y sino solo a nosotros.

Entonces, como siempre, podemos elegir: Seguimos sus parámetros, o los consideramos bulling (matoneo) y hacemos nuestras propias reglas.

El asunto del que no hay escape, es que al final de la vida tendremos que confrontarnos con Él y si hemos optado por lo segundo, entonces deberemos convencerlo de que Él estaba equivocado, demostrarle que sus leyes eran injustas y que nosotros estábamos en lo correcto, cosa que va a ser muy, pero muy  difícil.  Tú eliges.