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¿Puede una ayuda convertirse en una ofrenda?

Dar, es una elección y constituye una acción externa que genera sentimientos internos, por lo cual es imposible dar con indiferencia.

Cuando los tiempos se tornan difíciles en términos de economía y finanzas, resulta todo un desafío mantener y más aún desarrollar nuestra generosidad. 

Ahora bien, cuando nos sentimos deseosos de ser generosos cabe la pregunta: ¿Cuál es la motivación que nos impulsa a querer ayudar, dar de nuestro tiempo o dar una ofrenda?  Veamos algunas opciones:

  • Te trae bendición

  • Cumples con lo que Dios demanda

  • Te hace sentir bien y mejora tu sentido de culpa

  • Demuestras tu espiritualidad

  • Quieres mostrar gratitud a Yehováh

  • Deseas imitar a Yehováh y acercarte a Él

Si observamos atentamente, las cuatro primeras motivaciones son egoístas. Solo las dos últimas de esta lista están de acuerdo con el espíritu de las instrucciones dadas en la Toráh.

Dar, es una elección y constituye una acción externa que genera sentimientos internos, por lo cual es imposible dar con indiferencia. Siempre que damos algo, en nuestro interior habrá sentimientos de una u otra clase.

Cuando proclamamos nuestro amor a Yehováh, ¡de poco valen las palabras! El amor se demuestra por medio de la obediencia a sus Instrucciones o Mandamientos, tal y como claramente lo expresó Yeshúa:

​El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama… Juan 14:21

Así es que uno de los mandamientos dados en la Toráh, nos ordena presentar ofrendas de gratitud y nunca presentarnos delante de Yehováh con las manos vacías:

…Redimirás todo primogénito de tus hijos y ninguno se presentará ante mi con las manos vacías.   Exodo 34:20

Algo parecido hacemos con los seres que amamos. Cuando hay una ocasión especial deseamos mostrarles nuestro afecto o lo importante que son para nosotros, y si en realidad deseamos agazajarles, ¡nunca iremos a hacerlo con las manos vacías! todo lo contrario buscaremos darles un presente que haga sentir a esa persona lo especial que es para nosotros.

Pero, como suele suceder con todos los mandamientos de Yehováh, el enemigo ha tratado de oscurecer estas muestras significativas de afecto. Y así en cuanto a quienes nos rodean, existen tantas celebraciones como ideas puede haber: día del padre, de la madre, del maestro, del banquero, del ciclista, del cáncer...etc. presionándonos a dar cuando no hay una verdadera convicción de la razón para hacerlo, y convirtiendo la alegría de dar, en una carga indeseable.

Y en el caso de ofrendar para Yehováh, se ha levantado un ejército de líderes religiosos que usufructúan el ministerio y en vez de servir, explotan a sus seguidores exigiéndoles entregar diezmos, ofrendas, joyas, propiedades y demás para apoyar para sus “visiones proyectos personales” defraudando así a los hijos de Yehováh y cauterizando sus corazones para que desencantados, se presenten ante Él con sus manos vacías.

Pero si optamos por seguir las instrucciones de nuestro Padre, podemos salirnos del sistema comercial y religioso babilónico para recuperar el significado de esas muestras de afecto.

La pregunta lógica que surge es: ¿A quién dar? ¿Dónde ofrendar? … ¿De que manera presentar las ofrendas?  Yeshúa nos dio un buen parámetro:

Y cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de Él todas las naciones, y los apartará unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras: Colocará las ovejas a su derecha, y las cabras a la izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo! Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis, desnudo, y me cubristeis; estuve enfermo y me visitasteis; estaba en prisión y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te cubrimos? O, ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a Ti? 

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Mateo 25:31-40

Entonces… no es difícil buscar a alguien en necesidad; quizás en tu propia familia hay personas en esas circunstancias; quizá en tu vecindario o lugar de trabajo. Pero no pierdas la bendición de dar, de ayudar, de apoyar.

No hagas aportes por medio de los almacenes cuando al pagar te sugieren “ayudar a una causa”, porque seguramente tu esfuerzo no llegará a donde debe ir; busca estar en contacto directo con quien está en real necesidad para que vivas la realidad de aquél a quien pretendes ayudar y así no te limites solo al aspecto material, sino que aportes también algo de afecto, y soporte espiritual.

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Descubre la clave de la protección: Obediencia

Hollywood nos vende la imagen de héroes rebeldes que logran sus propósitos desafiando y menospreciando a sus propios jefes y por el otro nos muestra a las personas respetuosas y obedientes, como débiles y pusilánimes.

Imagínate a un piloto que despega su nave por la pista que mejor le parece, y luego toma la ruta de su preferencia para llegar a su destino y que al llegar aterriza usando la pista que se le antoje. No necesitamos ser proetas ni clarividentes para anunciar una tragedia.

Un piloto experimentado, sabe que debe obedecer cuidadosamente las instrucciones que le proveen desde las torres de control, para llegar a su destino protegiendo tanto su vida, como las de sus pasajeros. En otras palabras, la obediencia del piloto es parte esencial de su profesión, aunque tal palabra no se use de manera explícita.

La obediencia ha sido esencial para el éxito de aquellos que han dejado su huella enla historia. Pero la pregunta es: ¿obediencia a quién? ¿o a qué?

Yehováh, es la autoridad suprema

El libro del Éxodo, nos muestra cómo el líder del pueblo, Moisés, tuvo que ser entrenado durante 80 años, antes de estar listo para llevar a cabo la misión de su vida, que no solo sacaría a la libertad al Pueblo de Israel, sino para poner el fundamento de la presente civilización.

Un buen ejemplo lo encontramos en los dos últimos capítulos del libro del Éxodo, por lo menos 18 veces aparece la expresión: “tal como Yehováh lo había ordenado a Moshe”, mostrándonos la clase de obediencia de este hombre.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento, nos encontramos con inumerables historias de personas que fueron desobedientes y sufrieron las consecuencias de tal comportamiento; pero también hallamos hombres de principios y de fe, que fueron obedientes a los mandatos de Yehováh, y que fueron instrumentos clave para llevar a cabo Sus propósitos.

En el Nuevo Testamento, nos encontramos con Shaul (Pablo), quien tuvo su propia experiencia dramática para aprender a obedecer la Palabra de Yehováh y se preocupó por enseñar a sus discípulos la importancia de seguir fielmente la Palabra.

A Shaul le fue revelada la triste y vergonsoza condición de los hombres en los útimos días:

Y debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles; porque los hombres serán egoístas, amigos del dinero, arrogantes, soberbios, difamadores, desobedientes a sus padres, ingratos, irreverentes, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, y amigos de los placeres más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. Apártate de ellos.
2Timoteo 3:1-5

Somos testigos del cumplimiento de este pasaje

Al presente, la palabra obediencia está muy desacreditada, principalmente porque por un lado, Hollywood nos vende la imagen de héroes rebeldes que logran sus propósitos desafiando y menospreciando a sus propios jefes y por el otro nos muestra a las personas respetuosas y obedientes, como débiles y pusilánimes.

Sin embargo, Yehováh siempre nos dará la libertad de tomar decisiones. Esto es claro cuando leemos Su Palabra, que nos motiva a tomar la opción correcta: obedecer sus Instrucciones.

Si bien Yehováh, como soberano absoluto, bien pudiera imponer sus decretos sin dejarnos alternativa, no solo nos da la posibilidad de decidir, sino que además nos da motivaciones para obedecer mostrándonos los beneficios de hacerlo y desde luego las terribles consecuencias de tomar la decisión equivocada.

De hecho Su Creación está organizada de acuerdo a Sus Leyes y Decretos por lo cual al informarnos de esas leyes, nos está dando el privilegio de sacar ventaja de ellas. Observa detenidamente los versos 7:11-15 del Libro de Deuteronomio, y detalla cuidadosamente las bendiciones que resultan de la obediencia.

Guarda pues el mandamiento, los estatutos y los decretos que hoy te ordeno ponerlos por obra. Porque sucederá que por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, también Yehováh tu Dios guardará contigo el Pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará. Bendecirá también el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto y tu aceite, las crías de tus vacadas y el incremento de tu rebaño, en la tierra que Él juró a tus padres que había de darte. Bendito serás más que todos los pueblos, no habrá estéril ni impotente entre los tuyos ni en tu ganado. Yehováh desviará de ti toda enfermedad; jamás te enviará aquellas epidemias malignas como las de Egipto, que tú conoces, sino que las cargará sobre los que te aborrecen.

Reflexiona:
Si algunas de estas bendiciones están ausentes de tu vida, ¿será que la calidad de tu obediencia está comprometida?

La OBEDIENCIA no es solamente un asunto externo. Yeshúa nos mostró claramente cuál debería ser nuestra actitud al obedecer, buscando no solo cumplir externamente la letra de la Toráh, sino descubriendo su espíritu para que nuestra obediencia sea perfecta.


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Estamos construyendo la Casa de Yehováh

De la manera que se construyó el Tabernáculo con el aporte del pueblo, hoy Yehováh sigue dando oportunidad a sus hijos de aportar para construir Su Casa.

En la porción de Éxodo 35.1-38.20, hallamos que al pueblo de Yisrael le fue ordenado:

“tomar una ofrenda (Terumah) para Yehováh, de todo aquél que tenga corazón generoso”.

Esto nos permite pensar que hay personas mezquinas que prefieren retenerlo todo para sí mismas. Por eso, Yehováh dio al pueblo la opción de dar generosamente, pues quería solo lo que procediera de corazones agradecidos, de personas que valoraban lo que Él había hecho por ellas, fuera utilizado para el fabuloso proyecto de construir el Tabernáculo, el lugar de su morada.

Yehováh podría haber provisto milagrosamente todo lo que se requería; pero Él quiso dar participación a Su pueblo, logrando de esta manera que todos desarrollaran una identidad particular con el Tabernáculo y todo lo que había allí. La respuesta del pueblo fue tan generosa que más tarde, Moshé tuvo que enviar un mensajero (pregón) por todo el campamento diciendo:

¡Ni hombre ni mujer prepare más material para las ofrendas del santuario! así se impidió al pueblo, ofrecer más.  Éxodo 36:6

Shaúl (Pablo), en el Nuevo Testamento, se refiere también a la manera en que los seguidores de Yeshúa debiéramos dar igualmente:

Pero esto digo: El que siembra escasamente, cosechará escasamente; y el que siembra abundantemente, cosechará abundantemente.
Cada uno dé, como propuso en su corazón; no por tristeza o por obligación, porque Yehováh ama al dador alegre.
Y poderoso es Yehováh para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que teniendo en todo tiempo siempre todo lo necesario en todo, abundéis para toda buena obra.  2 Corintios 9:6-8

De la manera que se construyó el Tabernáculo con el aporte del pueblo, hoy Yehováh sigue dando oportunidad a sus hijos de aportar para construir “Su Casa”, es decir Su asamblea, su congregación. Aquí no hablamos de edificios sofisticados con los mejores avances de tecnología y capacidad para albergar a miles, no. Cuando hablamos de la Casa de Yehováh, hablamos de personas; de las piedras vivas que lo componen. Y es que mientras estemos en este mundo, aunque no seamos de él, son necesarios recursos financieros para hacer posible alcanzar, enseñar y ayudar a otros a caminar por la senda estrecha de la obediencia a la Toráh. Los hijos de Yehováh tenemos la oportunidad y la responsabilidad de aportar con corazón generoso y alegre, para que Su Palabra se extienda y alcance a aquellos que Él ha determinado que serán los herederos de la Salvación provista por Yeshúa.

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Dar, es una opción que revela nuestra gratitud

Dar, es lo natural y espontáneo en un hijo de Yehováh y es seguir el ejemplo que Yeshúa modeló para todos nosotros.

La Creación de Yehováh está diseñada sobre la realidad de dar. Yehováh entre muchas otras cosas, da la vida; da todo lo que se requiere para sostenerla; da las capacidades dones y talentos a cada ser humano, y todo esto de manera gratuita. Esa misma verdad se halla expresada de diferentes maneras en la Biblia:

  • Al final de cada tercer año apartarás el diezmo de todos tus productos de aquél año, y lo depositarás en tus ciudades, y vendrá el levita… el extranjero, el huérfano y la viuda… y comerán y se saciarán, a fin de que Yehováh te bendiga en toda obra que tu mano acometa.  Deuteronomio 14:28-29

  • Dad y se os dará: medida buena, apretada, remecida y rebosante os darán en vuestro regazo.  Porque con la medida que medís, seréis medidos.  (Lucas 6:38)

  • Echa tu pan sobre las aguas porque después de muchos días lo hallarás (Eclesiastés 11:1)

  • Más bienaventurado es dar que recibir (Hechos 20:35)

  • El que siembra generosamente, generosamente también segará. (2Corintios 9:6)

Dar, no se limita a las cosas materiales; también se dan afectos, apoyo moral, servicios desinteresados, tiempo, conocimiento, consejo, etc. Esto es lo natural y espontáneo en un hijo de Yehováh y lo que modeló Yeshúa para todos nosotros.

Lo contrario de dar, es retener, lo cual resulta en una actitud egoísta e indiferente hacia los demás y sus necesidades. ¿No te sobra para dar? ¡Entonces da de lo que tienes! Creando así oportunidades para ver la provisión generosa de Yehováh para ti y los tuyos.

¿Cómo está tu generosidad hoy?

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Una Movida Estratégica


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Jesus y Samaritana 3

Yeshúa como el Tabernáculo

El cuerpo de Yeshúa y el Casa de Yehováh tienen una conexión mística, de manera que lo que le sucede al uno, también le sucede al otro.

Las palabras hebreas de Exodo 25.8 traducidas como: “Y harán un Santuario para mí, y habitaré entre de ellos.”, también podrían ser traducidas como: “Y harán un Santuario para Mi, y habitaré en ellos”.  Si Israel hubiera sido merecedor de esto, un Tabernáculo no hubiera sido necesario, porque la misma presencia divina que vino a reposar en el Tabernáculo, hubiera reposado dentro de cada individuo.

Yeshúa, el Mesías cumple este pasaje literalmente. Mientras estuvo entre nosotros en su carne, el cuerpo físico de Yeshúa constituyó un perfecto santuario para permitir que Yehováh habitara en medio de su pueblo. Esta es la razón por la cual Yeshúa habló de su cuerpo como el Templo (Casa) de Yehováh cuando advirtió:

Destruid este Templo, y en tres días lo levantaré. Juan 2.19

Estas palabras son una pista que nos lleva a conectar el cuerpo físico de Yeshúa con la Casa de Yehováh en Yerushalayim. Así el sufrimiento y muerte del Mesías, corresponden a la destrucción del Templo, mientras que su  resurrección corresponde a la futura reconstrucción de la Casa de Yehováh en la era Mesiánica. En este sentido, el cuerpo de Yeshúa y el Casa de Yehováh tienen una conexión mística, de manera que lo que le sucede al uno, también le sucede al otro.

Ahora bien, en vista de que el cuerpo del Mesías corresponde a la Casa de Yehováh, en esta era esa Casa de Yehováh somos nosotros sus discípulos que colectivamente somos llamados el Morada (lugar de habitación) del Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo). Por tal razón el apóstol Shaúl (Pablo), basándose en Levítico 26:12, declara a la asamblea de los seguidores de Yeshúa en Corinto:

Porque vosotros sois Templo (Casa) del Dios viviente, como Dios (Yehováh) dijo: Habitaré entre ellos y entre ellos andaré; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
2 Corintios 6.16

y:

¿No sabéis que vuestro cuerpo es Santuario del Ruaj HaKodesh que está en vosotros, el cual tenéis de Yehováh, y que no sois vuestros? 1 Corintios 6:19

Obviamente esto no significa que somos literalmente un edificio en el cual Yehováh debe ser adorado y reverenciado. Tampoco significa que somos un lugar geográfico donde Él ha puesto Su Nombre.

Como seguidores de  Yeshúa, nuestra semejanza con la Casa de Yehováh no suplanta en ninguna manera lo que será la legítima Casa de Yehováh en Yerushalayim. En otras palabras, nuestra condición de Casa de Yehováh es metafórica. A pesar de esta realidad, la presencia del Ruaj HaKodesh dentro de nosotros no es menos real que la presencia de la Shejináh en la real Casa de Yehováh. Quizás a esto aludía el Mesías cuando le dijo a la mujer samaritana:

Mujer, créeme que viene una hora cuando ni en este monte ni en Yerushalayim adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero viene una hora, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque también el Padre busca a tales que lo adoren. Juan 4.21-23

En el mundo por venir no habrá más un Templo. El Mesías mismo será la Casa de Yehováh en la Nueva Yerushalayim:

Y no vi en ella Santuario, porque el Señor Dios Todopoderoso (Yehováh) y el Cordero (Yeshúa), es el Santuario de ella. Apocalipsis 21.22


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¿Está vigente el Diezmo?

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo ó recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes.

Clases de diezmo y su destino

Los hijos de Leví fueron escogidos por Yehováh para atender las cosas relacionadas con el servicio a Él y para enseñar la Toráh al pueblo, donde quiera que estuviesen. Estos no tendrían herencia pues Yehováh era su herencia. Así fue que Dios mismo les concedió recibir parte de lo sacrificado como lo establece la Toráh, junto con las primicias de las cosechas para su sostenimiento.

El diezmo, la décima parte del producto del campo y de los ganados, estaba consagrado a Yehováh, pero tenía diferentes destinos:

  1. Según Levítico 27:32 y Números 18:8-24, el diezmo de los animales era presentado como ofrenda a Yehováh, mientras que la “ofrenda alzada” (diferente de los diezmos de las cosechas), fue designado para los Levitas. Pero también los Levitas entregaban el diezmo de los diezmos a los sacerdotes según la instrucción de Números 18:26. 
  2. Conforme a Deuteronomio 12:17, el diezmo de las cosechas era apartado para ser comido (por las mismas familias que lo colectaban), delante de Yehováh en las Festividades establecidas, y no era para ser entregado.
  3. Deuteronomio 14:28, enseña que cada tercer año, se apartaba un diezmo adicional con el propósito de sustentar a los levitas, al extranjero, al huérfano y la viuda. Era algo parecido a lo que hoy conocemos como Ayuda Social, solo que no era responsabilidad del gobierno sino de la gente.

Pero… ¿qué sucede en el Nuevo Testamento?

Al morir Yeshúa, abrió el camino para que todos pudiéramos tener acceso a nuestro Padre. De esta manera hizo de nosotros un pueblo de sacerdotes, es decir que todos los rescatados por Él tenemos acceso directo a nuestro Padre Yehováh y ya no hay necesidad de intermediarios ó sacerdotes humanos, para que nos representen ante Él y ofrezcan sacrificios en nombre nuestro. Por tal razón, el Templo desapareció y cambió el orden las cosas. En cierto sentido podríamos afirmar que hoy todos podemos “ofrecer sacrificios” (tarea de los sacerdotes), pero de alabanza y adoración:

Ofrezcamos siempre por medio de Él (Yeshúa), sacrificio de alabanza a Yehováh, es decir, fruto de labios que confiesan Su Nombre.  Hebreos 13:15

Entonces siendo que todos somos sacerdotes, ¿hay en el Nuevo Testamento siervos equivalentes a los Levitas? En cierto sentido, sí; pero sus funciones excluyen lo relacionado con los sacrificios en el Templo por razones obvias, y no están limitadas a la enseñanza de la Palabra. Yeshúa llamó a doce discípulos para que estuvieran con Él durante el tiempo de su ministerio y estos fueron invitados a dejarlo todo para convertirse en “pescadores de hombres”. Posteriormente ellos fueron confirmados como responsables de dirigir y expandir el mensaje entregado por Yeshúa: Las Buenas Noticias acerca de la proximidad del Reino de los Cielos.

Observamos que efectivamente éstos discípulos lo abandonaron  todo: amigos, socios, profesiones, negocios, tradiciones, etc. para seguir y servir al Mesías, quien cuando los envió en misiones locales les instruyó a no llevar nada consigo porque “el obrero es digno de su salario”; queriéndoles mostrar que Dios mismo se encargaría de hacer la provisión necesaria para ellos a través de la gente que ellos habrían de ministrar.

¿Y cómo se habrían de sostener en el futuro, cuando Yeshúa hubiese partido? El libro de los Hechos nos lo revela:

Todos los creyentes estaban unidos, y tenían en común todas las cosas. Vendían sus propiedades y sus pertenencias, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.  Hechos 2:44-45

Esto sucedió de manera espontánea. No parece que hubiese habido una reglamentación al respecto. La respuesta de los corazones transformados, fue el deseo de cuidar los unos de los otros para que nadie padeciera necesidad; después de todo, esa había sido la medida del mandamiento dado por Yeshúa:

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:12-13

La medida de ese amor era lo nuevo, pues el mandamiento ya existía en la Toráh:

No te vengarás, ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, YehováhLevítico 19:18

Vemos que Yeshúa llevó este mandamiento a otro nivel, al igual que hizo con otros que explicó a sus seguidores. Entonces, era natural que la nueva generación de discípulos siguiera Su ejemplo y quisieran compartirlo todo. Obviamente los apóstoles eran parte de esa comunidad.

Por esta razón, en las Escrituras Mesiánicas (NT) no hay un mandamiento respecto de entregar los diezmos a los apóstoles o a los líderes de las iglesias. Hubiera sobrado ordenar tal cosa, porque lo natural y espontáneo, era el fruto del Rúaj HaKodesh (Espíritu Santo) que habitaba en cada seguidor del Mesías, expresado en el deseo de velar por sus hermanos en necesidad y por aquellos que les servían enseñándoles y cuidándoles. Resalto la palabra servían, porque ese fue el modelo dejado por Yeshúa:

El que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro servidor, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino  para servir y dar su vida en rescate por muchos.  Mateo 20:28

Los seguidores de Yeshúa nunca le vieron pidiendo ó recogiendo ofrendas después de realizar sanidades y mucho menos después de alimentar a las multitudes. Claro esta que muchos pastores de hoy dirían: “Qué desperdicio! ‘Jesús’ perdió la oportunidad de enseñarles a ‘sembrar’ en su ministerio”.

Los siervos que hemos sido llamados al ministerio, no estamos para suplantar a Yeshúa como la cabeza de todo varón, ni para imponer nuestra autoridad manipulando y explotando económicamente a quienes desean acercarse al Padre, sino para servirles comunicándoles la Verdad, guiándoles a una comunión más íntima con Yehováh mediante Yeshúa y el caminar en obediencia a la Toráh. Es nuestra responsabilidad  ayudarles a desarrollar su fe porque así podrán ser luz en un mundo sumido en tinieblas; de manera que llegado el momento, sean capaces de sellar su testimonio entregando su vida si fuere necesario.

En resumen…

Quienes hemos sido llamados por Yehováh para servir a Él primero y luego a sus seguidores y discípulos, dedicamos nuestro tiempo, talentos, recursos, experiencia, relaciones y demás, a proclamar su mensaje, a amar, modelar, discipular, instruir, apoyar y amonestar a todos aquellos que desean marchar por la senda estrecha de la obediencia a Yehováh tal como lo hizo Yeshúa. Y si bien dependemos de la provisión de nuestro Padre, sabemos que ésta llegará de corazones que valoran lo que reciben de Él por medio de nosotros y que al igual que los primeros discípulos, espontáneamente desearán compartir de sus recursos para que no haya necesidad en sus hermanos.


Los 10 Mandamientos

Vigencia de los 10 Mandamientos

Hoy más que nunca, el mundo necesita volver a los principios fundamentales que han guiado a la humanidad por siglos. Los Diez Mandamientos no son simples reglas antiguas, sino verdades atemporales que nos muestran cómo vivir con propósito, integridad y conexión con Dios.

1. Yo Soy Yehováh tu Dios

Vivimos en tiempos de relativismo, donde la moral parece ser una elección personal. Pero sin Dios como fundamento, los valores pierden sentido. Cuando el ser humano deja de reconocer a su Creador, se desconecta de su propósito y de su verdadera dignidad.

2. No a los Ídolos

Hoy en día, el éxito se mide por la riqueza y la fama. Admiramos más a quienes tienen dinero que a quienes tienen valores. Pero Yehováh nos llama a ponerlo a Él en el centro y no a dejarnos seducir por lo superficial.

3. No Usar el Nombre de Yehováh en Vano

Nada es más dañino que justificar el mal en nombre de Yehováh. La verdadera fe nunca aprueba el odio, la violencia ni la manipulación. Honrar Su nombre significa vivir con justicia y amor.

4. Un Día para Dios y para Ti – El Shabbat

El Shabbat (día de descanso) no es solo un mandato, ¡es un regalo! Es la oportunidad de desconectarnos del ruido del mundo para reconectarnos con Dios, con nuestra familia y con nosotros mismos. En un mundo lleno de distracciones, aprender a detenernos es esencial.

5. Respeto a los Padres

Hoy, la vejez es vista como una carga en lugar de un tesoro de sabiduría. Honrar a nuestros padres es un principio que nos enseña gratitud y humildad. Quienes nos dieron la vida merecen nuestro respeto y cuidado.

6. No Asesinarás

El mandamiento no solo habla de quitar una vida físicamente, sino de cualquier forma de violencia o injusticia que destruye a otro ser humano. Respetar la vida es un principio que protege a la humanidad de su propia autodestrucción.

7. Fidelidad y Compromiso – No adulterarás

En una cultura que glorifica el placer sin compromiso, el valor del matrimonio y la fidelidad ha sido minimizado. Pero la verdadera felicidad no se encuentra en la infidelidad o el placer momentáneo, sino en el amor basado en respeto y entrega.

8. No Robarás

Robar no es solo tomar lo ajeno, sino también ser deshonesto en el trabajo, engañar o no cumplir con nuestras responsabilidades. La integridad es clave en una sociedad que busca justicia.

9. No Mentirás

Las palabras tienen poder. La mentira, el chisme y la difamación pueden destruir vidas. Elegir la verdad y hablar con honestidad es un reflejo del carácter de Dios en nosotros.

10. No Codiciarás

La envidia nos hace sentir que nunca tenemos suficiente. Pero la clave de una vida plena no está en tener más, sino en aprender a valorar lo que ya tenemos y confiar en que Yehováh proveerá lo necesario.

Los Diez Mandamientos no son solo normas, son principios que nos llevan a una vida mejor, tanto a nivel personal como espiritual. Son la base de una sociedad justa y de una relación sana con nuestro Creador y con los demás.

Y tú… ¿Vives de acuerdo a estos principios?

Moises seleccionando lideres

¿Serías Digno? Las 4 Cualidades que Dios Busca en un Líder

ser veraz es mucho más que no decir mentiras. Es ser de una sola palabra; es mantener las promesas aún en daño suyo;

Leemos en Éxodo 18:13-24, que Yitro – Jetro, el suegro de Moshé, llegó al campamento trayendo consigo a la esposa de este y sus dos hijos. 

Al día siguiente Yitro se puso a observar lo que su yerno hacía, y luego de ver lo poco práctico que era, decidió darle una recomendación, a pesar de que Moshé no se la pidió.

escoge tú mismo entre todo el pueblo a hombres de valor, temerosos de Dios, hombres veraces, aborrecedores del lucro, y ponlos por príncipes de miles, príncipes de cientos, príncipes de cincuenta y príncipes de diez.
Y juzguen así al pueblo en todo tiempo. Y sucederá que todo asunto grave lo traerán a ti, pero todo asunto sencillo lo juzgarán ellos. Aligera así la carga sobre ti, y que la compartan contigo.
Exodo 18:21-22

Vale la pena comentar que esta organización sugerida por Yitro fue provisional, porque más tarde Yehováh instruiría a Moshé a nombrar 70 líderes escogidos que se convertirían en un cuerpo cuya responsabilidad sería interpretar y aplicar la Toráh para el pueblo. Este grupo llegó a ser conocido como El Sanhedrín.

Por ahora, Yitro le dio algunas pautas de suma importancia para que Moshé llevara a cabo la selección pertinente. Veamos las condiciones de los elegidos:

  1. Hombres de valor
  2. Temerosos de Yehováh
  3. Veraces
  4. Aborrecedores del lucro

Curiosamente, el apóstol Shaúl en sus cartas a Timoteo y a Tito, hace una lista de requisitos para los líderes de las asambleas, que incluyen estas mismas características además de otras que él consideró pertinentes. Veamos por qué esas característica son importantes:

Personas Valientes

Ser obediente a la Toráh, demanda valor porque, los parámetros establecidos por ella van diametralmente en contra de los estándares de las mayorías. De manera que para ser diferente se requiere la capacidad de soportar las críticas, las burlas, los desplantes y aún el abandono de quienes rodean a quien se decide por el camino angosto.

Yeshúa  afirmó que el Reino de los Cielos sufre violencia y solo los violentos lo arrebatan. Esto se refiere a la necesidad de violentarnos a sí mismos para renunciar a todo aquello  que sea de nuestro agrado, pero que se opone a la Toráh de Yehováh.

Temerosos de Yehováh

Esta expresión no se refiere al miedo, el cual resulta ser una emoción negativa y frustrante y paralizante. Se refiere mas bien al respeto que merece Yehováh porque Él es el Creador, Sustentador y Juez Supremo ante quien un día habremos de comparecer para dar cuenta de lo que hayamos hecho mientras estábamos en el cuerpo sea bueno o sea malo.

Es Yehováh quien determina el estado eterno de las personas y ante sus juicios justos no hay apelación. Una persona que teme a Yehováh, es consciente de Su Omnipresencia; es alguien que no necesita estar siendo observado por otros para hacer lo que la Toráh define como correcto. Es una persona consciente de que lo  que siembra es lo que se cosechará y por tanto cuida su camino, sus acciones, actitudes, sus intenciones y motivaciones porque los ojos de Yehováh se pasean constantemente por la tierra para examinar a todos los hijos de los hombres y al final dará su pago justo a cada quien.

Personas Veraces

Este mundo (kosmos – sistema) se halla bajo el maligno, quien es mentiroso y padre de mentira. Desde entonces la mentira ha sido la herramienta más utilizada para alcanzar los propósitos más egoístas y perversos. Yehováh en su esencia es la Verdad. Todo lo opuesto. Entonces, ¿aquellos que han de interpretar la Toráh para juzgar las acciones de otros no deben ser veraces en su esencia también? Por supuesto que si! 

Pero ser veraz es mucho más que no decir mentiras. Es ser de una sola palabra; es mantener las promesas aún en daño suyo; es ser íntegro (sin faltantes); es ser sincero manteniendo una sola faz y una sola posición ante los hechos. Una persona veraz, está fundida de manera sólida con la Toráh de Yehováh en todos los sentidos.

Aborrecedores del Lucro

La filosofía circundante del presente nos grita a voces que lo que debemos perseguir es la riqueza, porque poseyéndola, lo tendremos todo: respeto, poder, placeres, salud y en general una vida fácil. Nada más falso! Quienes hacen de las riquezas el objetivo de sus vidas, están vendiendo su alma y haciéndose esclavos de todo lo que el mundo ofrece.

Es muy común la frase: “todo el mundo tiene su precio”, cuando los corruptos tratan de sobornar a otros para lograr sus propósitos:

Los regalos abren paso al hombre, y lo conducen ante la presencia de los grandes. Proverbios 18:16

Sin embargo, quienes nos declaramos hacedores de la Toráh y seguidores de Yeshúa, debemos aborrecer el lucro, es decir, las ganancias como lo más importante en la vida. ¿En que sentido? ¿Es malo hacer negocios? No. Pero cuando el lucro, se convierte en la motivación de las relaciones, de los servicios, o de las actividades en general, entonces nuestro corazón está manchado y ya no podremos actuar desinteresadamente, porque el afán de ganancia cegará nuestros ojos impidiéndonos hacer un buen juicio de las personas y los hechos.

Para Moshé no debió ser fácil hallar personas con tales características, pero seguramente pudo hacerlo. El punto final de todo esto es:

Si tú hubieras estado entre el pueblo de Yisrael en aquellos días, ¿habrías sido seleccionado?