¿Tradiciones? No son buena razones…

Por: Miguel Forero

¿Son malas las tradiciones? No todas, sería la respuesta correcta. Sin embargo quienes hemos decidido convertirnos en seguidores de Yeshúa el Mesías, tenemos la responsabilidad de evaluar cuidadosamente, tanto las enseñanzas que hemos recibido en el pasado, como las tradiciones que las acompañan y que hemos heredado. No en vano, el profeta Jeremías declara:

Oh! Yehováh, mi fuerza y mi fortaleza, mi refugio en tiempo de adversidad, a ti vendrán las naciones desde los extremos de la tierra y dirán: “nuestros padres heredaron engaños, cosas que son inútiles y sin valor”
Jeremías 16:19

La tragedia narrada en la Parashá de esta semana (Exodo 32) nos da un claro ejemplo de lo que nos puede suceder.

El pueblo de Yisrael, había habitado en Mitsráyim (Egipto) por un poco más de 200 años; y las cuatro ó cinco generaciones que se desarrollaron allí, no pudieron sustraerse a la influencia del medio en el que habían crecido: la moda, el idioma, las celebraciones, la dieta, la religión y la visión del mundo en general, habían permeado sensiblemente su valores y estilo de vida.

Esto se puso de manifiesto luego de haber sido liberados por Yehováh y de haber recibido claras instrucciones respecto a no continuar actuando como lo habían aprendido de los mitsritas (egipcios). Pero ante la demora de Moshé en el Sinaí, se consideraron acéfalos, es decir sin cabeza, sin un líder visible, e inmediatamente retornaron a las tradiciones y prácticas aprendidas durante su permanencia en Mitsráyim (Egipto).

La fuerza de la costumbre, manifestada en los sentimientos que traen los recuerdos, muchas veces puede más que la razón que nos dicta lo que es correcto hacer. Así es que a pesar de que en su mente sabían que no era lo correcto, pudieron más sus sentimientos al recordar cómo se hacían las cosas en Mitsráyim, y pidieron a Aharón, el hermano de Moshé quien estaba a cargo, que les hiciera una figura de animal, que según ellos, les acercaría a Yehováh:

…Aharón edificó un altar delante del becerro, e hizo pregonar Aharón diciendo: ¡Mañana será fiesta solemne a Yehováh!  
Exodo 32:5

¿Cómo? ¿Fiesta a Yehováh? ¿Con un becerro de oro? ¿Acaso no habían escuchado pocos días atrás de los labios de  Yehováh su claro mandamiento?:

No te harás estatua, ni imagen semejante de lo que esté arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni los servirás…
Exodo 20:4-5

Pero pudo más la fuerza de los recuerdos y de los sentimientos. Ganó la tradición sobre el conocimiento; ganaron de nuevo los sentidos sobre la obediencia, tal como en el caso de Eva en el Edén. Querían “ver, palpar, oler, saborear, escuchar” un “dios” que se acomodara a sus caprichos.

Quienes afirman que ahora somos mejores que nuestros ancestros, están en un grave error. Han evolucionado el conocimiento, la ciencia y la tecnología; pero la moralidad sigue su camino hacia atrás. ¿Acaso no son estos mismos argumentos los que presentamos hoy para desechar el conocimiento que nos ha dado Yehováh, con el fin de hacernos libres de las tradiciones que hemos heredado?

Quienes con vehemencia afirman ser “cristianos seguidores de Jesús”, continúan celebrando tradiciones de claro origen pagano como: Navidad, año nuevo, reyes, cuaresma y semana santa, día del amor, entre otras festividades religiosas y seculares enquistadas en el calendario gregoriano. Y sigue siendo así, porque les puede más la fuerza de la costumbre y los tiernos recuerdos de su niñez, que la Verdad revelada, probando así que en nada hemos evolucionado para ser mejores que aquellos a quienes criticamos y que perdieron su vida en el desierto a causa de la adoración del becerro de oro.

 Yehováh quiere que seamos libres! La posibilidad de dejar atrás todo aquello que nos esclaviza está ante cada uno de nosotros. Pero nadie puede decidir en nuestro lugar. Es una decisión personal que hay que tomar: Salir de Mitsráyim (Egipto) dejando atrás todo lo que conocemos y heredamos, o permanecer allí pensando que es más seguro seguir en esclavitud y satisfacer los sentidos. ¿Vas a correr el riesgo de una vida de libertad en dependencia de Yehováh?

No hay lugar para razonamientos y tiernas emociones. Obedeces o no lo haces. Pero lo cierto es que no puedes argumentar que conservarás todo lo que te gusta de tu antigua vida mientras eres un seguidor de  Yehováh o de Yeshúa; y tampoco puedes quedarte en tu mundo disfrutando de todo lo que has heredado y agradar a tu Creador y Redentor.

Seguir a Yeshúa implica movimiento; ir de un lugar a otro porque Él no es estático; no es una imagen fría asentada en un pedestal o colgada en una cruz. Yeshúa vive y nos llama a ir en pos de Él. Hacerlo significa renunciar, desacomodarse,  cambiar, violentarse a sí mismo para ser transformado y convertirse en un portador de la Luz que deshace las tinieblas y que evidentemente es diferente en su manera de vivir, porque percibe el mundo de la forma que Yehováh lo hace.

Sea este el momento para evaluar tus tradiciones y tus argumentos. Estarás ante dos caminos: Continuar abrazado a la tradición, o renunciar a ella y experimentar el significado de la obediencia a las Instrucciones (Toráh) de Yehováh.

…habéis invalidado la Palabra de Yehováh por vuestra tradición.
Mateo 15:6