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Ivrí (עִבְרִי) – hebreo

Por: Tzvi ben Daniel  - 

El hebreo es la lengua de la Torá, pero también es la manera en que se denomina al pueblo de Yehováh. ¿Quién es un hebreo, y qué es un hebreo?

A pesar de que al pueblo del Eterno se lo conoce como Israel, recuerde que Israel fue el nombre que recibió Ya’akov luego de luchar con el ángel. Pero el título de hebreo, o Ivrí (עִבְרִי) precede a Ya’akov por varias generaciones.

La primera persona en ser llamada hebreo en las escrituras fue Avraham, en Genesis 14:13:

Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Avram el hebreo (Ivrí), que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Avram.

 Posteriormente, Yosef es llamado un hebreo en Mitsráyim (Egipto) y todos los hijos de Israel son llamados de esa manera a lo largo del libro de Éxodo, tal como en el siguiente ejemplo:

Entonces Yehováh dijo a Moshé: Entra a la presencia de Faraón, y dile: Yehováh, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. (Éxodo 9:1)

 La palabra Ivrí, hebreo, viene original y lingüísticamente del nombre Ever (Heber), quien fue el nieto de Shem (Gen 10:21). Ever significa literalmente “más allᔓdel otro lado”.

La tradición asocia esto y, posteriormente el nombramiento de Avraham como un Ivrí con “el otro lado” del río Eufrates. La región de Mesopotamia de donde vinieron nuestros patriarcas a la tierra prometida.

En un sentido espiritual, el cruzar “al otro lado” tiene que ver con dejar la vida de esclavitud a la carne en pos del servicio a nuestro espíritu y a Yehováh.

Ivrí עִבְרִי – hebreo

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falsaria1464556141lucha sutil del bien y el mal

haSatán – שָׂטָן – El Adversario

Por: Tzvi ben Daniel

Si usted creció dentro de la fe cristiana, seguramente estará familiarizado con el concepto de cielo e infiero, así como también “Dios versus el Diablo”. Esto forma parte de un paradigma que se aprende desde pequeño, ya sea por medio de la educación en casa, la escuela, la iglesia, y hasta los programas y películas de televisión.

Lo interesante es que desde una perspectiva netamente hebrea y escritural, podemos llegar a conclusiones totalmente diferentes. O al menos un poco más amplias. Muchos creen que Satanás es el “archienemigo” de Dios, que trata de arruinar los planes del Todopoderoso para llevar al mundo al caos y la destrucción. Una nube de suspenso envuelve el desenlace de la historia y escatología bíblica… ¿Quién ‘ ganará’ la batalla final?

Como creyentes en el Creador, tendemos a creer que solamente la “luz”, lo “bueno” y lo “santo” provienen del creador, mientras que las “tinieblas”, lo “malo” y lo “profano” provienen del enemigo; de Satanás. Pero veamos como era la concepción de lo bueno y lo malo en tiempos de Isaías el profeta:

Yo soy Yehováh, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Yehováh, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Yehováh soy el que hago todo esto. (Is 45:5-7)

Para muchos, este pasaje de Isaías es recibido con gran sorpresa y hasta un poco de decepción. ¿Porqué el Creador del universo, de quién proviene todo lo que es bueno, ha creado tinieblas y adversidad? 

Espero que al final de este artículo, tenga una mejor idea acerca de esto.

Tal vez la mayor diferencia entre el “Satanás del cristianismo” y el concepto del satán hebreo, es que el satán hebreo no precisa escribirse con mayúscula. En otras palabras, hasatán (el satán) no es una persona. Es un principio que puede ser aplicado a cualquier persona o cosa, así como también es un verbo que hasta puede conjugarse.

En las escrituras, existe lo que llamamos la “regla del primer uso”. Esto significa que cuando encontramos una palabra que aparece por primera vez, el significado de la misma de acuerdo al contexto, nos dará la pauta de qué es lo que esta palabra nos quiere decir. Veamos la primera instancia en donde encontramos la palabra שָׂטָן (satán).

Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Yehováh se puso en el camino por adversario (satán)  suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. (Números 22:21-22)

Podemos ver claramente en este episodio de Balaam, que el mismísimo angel de Yehováh es quien es llamado “satán”. Y esto no es debido a que este sea quien es conocido en el cristianismo como “Satanás”, sino a la función que este angel estaba cumpliendo. Este angel se puso en el camino para obstruir el paso de Balaam y su asna. Es por eso que esta palabra fue traducida simplemente como “adversario”.

En el siguiente versículo dice:

Y el ángel de Yehováh le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 

Las palabras “para resistirte” en el hebreo son literalmente “como satán”. “Yo he salido como satán”. Como un obstáculo, como un adversario.

En el primer libro de Samuel 29:4, los filisteos temen llevar a David a la batalla porque creen que el se puede convertir en un satán (traducido “enemigo”) contra ellos. En el segundo libro de Samuel 19:22, David llama a los hijos de Sarvia “satán”, en este caso traducido como “adversarios”.

En el primer libro de los Reyes 11:14, Yehováh mismo prepara un “satán”, un adversario, contra el rey Salomón.

Podemos observar en todos estos ejemplos un común denominador, que está relacionado con un principio negativo. Y no me refiero a negativo en el sentido de inherentemente malo, sino en el sentido de lo opuesto al principio positivo. La polaridad opuesta. Imagínese cómo funciona la electricidad, o una simple batería; la energía positiva no fluye a menos que haya una negativa.

Imagínese otro escenario: cuando uno levanta pesas, es la misma resistencia, aquello que nos “tira para abajo”, precisamente lo que nos hace mas fuertes. Si el Creador creó este principio negativo denominado satán, no es para que suframos sin razón, sino para fortalecernos en la adversidad.

Todos queremos vivir una vida sin adversidad y sin problemas, pensando que ese tipo de vida es justamente la que nos trae complacencia. Sin embargo, es cuando nos encontramos en la adversidad que nos arrodillamos ante el Creador y sacamos coraje y valentía para sobreponernos a todo obstáculo. Y esto, al fin y al cabo, es lo que nos llevará a convertirnos en la persona que fuimos designados a ser.


haSatán – שָׂטָן – El Adversario

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Generaciones

Generaciones -תֹולְדֹות

Por: Tzvi ben Daniel  –

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Yehováh Dios hizo la tierra y los cielos.  Gen 2:4

La palabra “orígenes” es la misma palabra traducida en otros pasajes como “generaciones”.

Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.  Gen 5:1

Es interesante poner atención cómo incluso en español, ambas palabras, orígenes y generaciones, incluyen la raíz “gen”. Esto tiene que ver con la genética; la información almacenada en nuestro ADN que es transmitida a través de las generaciones.

La palabra hebrea es תֹולְדֹות (toldot), y de aqui es que provienen palabras hebreas como yalad (dar a luz) o yeled (un niño; alguien que fue ‘dado a luz’).

El concepto de la palabra toldot esta relacionado con la genealogía (otra vez el ‘gen’).

Ishac Abravanel en su comentario al Libro de Los Reyes afirmó que el más antiguo asentamiento judío tras la destrucción del primer Templo en España fue Toledo, siendo sus fundadores originarios de las tribus de Judá y Benjamín. Es de común conocimiento para los judíos de origen español, que el nombre de aquel pueblo proviene de la palabra hebrea para generaciones; toldot.

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Solomon temple

La Casa de YHVH – בֵּית יְהֹוָה

Por: Tzvi ben Daniel  -

Cuando pensamos acerca de la casa de Yehováh inmediatamente se nos viene a la mente el Templo de Salomón en Yerushaláyim, o tal vez el magnífico Templo que Herodes remodeló, en el cual Yeshúa caminó y posteriormente fue destruido por los mismos romanos en 70 EC.

Lo que no nos imaginamos es que el concepto de Yehováh habitando con el hombre, existió desde muchísimo antes. Varios siglos antes del nacimiento de Salomón, Ya’akov vivió un incidente interesante:

[Ya’akov ] llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Yehováh estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Yehováh, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. […] Y despertó Ya’akov de su sueño, y dijo: Ciertamente Yehováh está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios (Elohim), y puerta del cielo. […] Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero. (Genesis 28)

Ya’akov tuvo una experiencia mística en la que tuvo contacto con el Eterno. Tanto fue el impacto que le causó, que llamó a ese lugar Bet-El, que significa “Casa de Dios”. Más tarde, esta misma terminología sería adoptada por los israelitas para denominar aquel lugar que Yehováh escogió para que su nombre morase en él.

Fue la voluntad del Santo bendito sea que su ruaj morase  dentro del hombre, pero a la vez también entre su pueblo, Israel. Fue así que en el desierto de Sinaí Él dijo: harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. (Ex 25:8). Este santuario es un mikdash (מִקְדָּשׁ) en hebreo. Es de aquí que viene la palabra kadosh; santo, separado o consagrado. Es interesante destacar también que la palabra hebrea utilizada para “en medio” (בתוך), puede significar también “dentro”. De aquí que el pasaje anterior puede leerse también como harán un santuario para mí, y habitaré dentro de ellos. Es decir, en un sentido personal, cuando nosotros cuidamos la pureza de nuestro cuerpo no contaminándolo con los placeres de la carne vivimos una vida de santidad de acuerdo a Su Toráh, entonces su espíritu puede morar dentro de nosotros. Puede que este entendimiento contienda con aquel entendimiento tradicional cristiano, en el cual una persona recibe el espíritu santo cuando es bautizada y nunca puede perderlo, independientemente de cómo viva su vida.

Aquel lugar especial en el desierto que el Eterno comandó a los israelitas construir fue lo que se llamó el mishkán (מִּשְׁכָּן) en el siguiente verso (Ex 25:9), que fue traducido como “tabernáculo”. Mishkán pertenece a la misma raíz verbal que la palabra del verso anterior traducida como “habitar”. La palabra mishkán es literalmente “un lugar en el cual se habita”. En este caso, se utilizaba para denominar a la tienda rodeada por cortinas dentro de las cuales estaba el altar, el lugar santo y el lugar santísimo; el tabernáculo en el desierto. El precursor del Templo de Salomón. Este modelo del tabernáculo estuvo en uso por siglos de hecho, mayormente en la ciudad de Shiló, hasta que Salomón construyó el Templo, alrededor del año 970 AEC.

Aquella Casa de Yehováh fue construida como un centro religioso para la nación de Israel. Un lugar en donde todos los israelitas se congregaban tres veces al año para reafirmar el testimonio de que el Dios Todopoderoso habitaba entre ellos. Pero había una condición: ellos debían vivir una vida de rectitud y justicia de acuerdo a la Toráh, si no, aquel Templo sería destruido por voluntad divina. Y así fue, que aquel templo fue destruido primero por el Imperio babilonio, para ser reconstruido bajo el imperio persa y posteriormente destruido nuevamente por los romanos.

Pero antes de que los romanos lo destruyesen, el Mesías caminó por el Templo, y explicó claramente a la audiencia presente que el Templo es mas que rocas apiladas una sobre otra. El habló del Templo de su cuerpo, aquel cuerpo dado a la pureza y santidad de la Toráh que sería encontrado digno y apto para ser entregado y pagar el más alto precio por su pueblo.

No es solo en el caso de Yeshúa, que su cuerpo representó el Templo. Esta realidad es igual para cada uno de nosotros, tal como también lo entendió Shaúl (Pablo). Ese es el motivo por el cuál debemos vivir una vida de santidad:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Ruaj Ha’Kodesh (Espíritu Santo), el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1 Co 6:19



La Casa de YHVH – בֵּית יְהֹוָה

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Asimilacion

Y Tú… ¿Ya fuiste asimilado?

Por Miguel Angel Forero R.  -

¿Conoces el término?  Asimilación, tiene un significado básico de “hacerse igual” a algo ó a alguien.  Por ejemplo, decimos: “Esta música se asimila a aquella” ó “tal persona se comporta de manera similar a…  alguien conocido”.  Ahora bien, de éste término, se desprende: ASIMILACION CULTURAL, con lo cual estamos hablando de adoptar un estilo, una forma de vida; una manera de ser, una prioridad, una cultura, unos valores, etc. incorporándolos a nuestra vida de manera que lleguen a ser parte de uno.  Sucede cuando, al salir de nuestra patria, adoptamos, ya por fuerza, ya por conveniencia, las costumbres y formas de vida del nuevo país.  Afirmamos que si hemos de prosperar en el nuevo lugar, hemos de “integrarnos a la cultura” pues de otra manera siempre seremos vistos y tratados como extranjeros.

YOSEF EN MITSRÁYIM

Yosef no fue el primero en enfrentarse al problema de la asimilación venciéndolo con éxito. Avraham, Yitsjaq y su padre Yisrael, habían sido capaces de mantener su identidad y su lealtad a Yehováh, a pesar de estar rodeados de gente pagana. ¡Ahora Yosef estaba solo! Por supuesto que Yehováh estaba con él; pero no había nadie más de su familia; sin embargo mantuvo sus valores y su confianza en ‘El Elohim de sus padres, lo cual se hace evidente cuando les dice a sus hermanos durante su primer encuentro después de 17 años:

Yo temo a Elohim (Dios) Genesis 42:18

Y que Yosef había influido en sus siervos en cuanto a su fe, se hace evidente, cuando en el segundo viaje, al retornar el dinero, el siervo de Yosef que recibe a sus hermanos, les dice:

Paz a vosotros, no temáis.  Vuestro ‘Elohim, el ‘Elohim de vuestro padre os dio un tesoro escondido en vuestros costales; vuestra plata llegó a mi. Génesis 43:23.

Así a pesar de que Yosef lucía externamente como un egipcio, hablaba la lengua egipcia y tenía un nombre egipcio: Tsafnat Panéaj, nunca dejó de ser Yosef, el hijo de Yaaqov. Pensemos: una vez establecido en Mitsráyim (Egipto), Yosef podría haberse olvidado de su familia y de sus creencias; después de todo, le habían rechazado fríamente vendiéndolo como si no fuera de la familia; sin embargo, mantuvo su identidad.  Esta convicción, es lo que dirige las acciones de Yosef aún respecto de su familia.

Y TU… ¿YA FUISTE ASIMILADO?

No eres del mundo; porque fuiste sacado de Mitsráyim (Egipto) cuando aceptaste someterte al Mesías.  Pero…  si vistes como del mundo, hablas como del mundo, comes lo que el mundo come, tus metas son las que establece el mundo (dinero, buen nombre y poder), si la manera en que haces tus negocios es la misma del mundo que te rodea y además celebras las fiestas del mundo y sus tradiciones entonces, la respuesta es un lamentable SI. ¡HAS SIDO ASIMILADO!

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AoC3

יֹום כִּפֻּרִים – Yom Kipurim 

Por: Tzvi ben Daniel

Probablemente haya notado en el título que se menciona Yom Kipurim, en plural, en lugar de Yom Kipur, en singular. Esto es porque en Levítico 23:28, cuando dice que “es día de expiación”, en hebreo está en plural, siendo mejor traducido como expiaciones, ya que había más de un pecado y más de un pecador entre los hijos de Israel.
Pero más interesante es el significado de la palabra kipur en el hebreo. La primera vez que esta palabra aparece es en Genesis 6:14, donde Yehováh instruye a Noé acerca de cómo construir el arca:

Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás (kafar) con brea (kofer) por dentro y por fuera.

El verbo kafar, de donde proviene la palabra kipur, es traducido como calafatear, que significa literalmente cubrir. Preste atención como el material con el que se realiza esta cobertura (brea en español) está también relacionado con la misma raíz.

Así es, Yom Kipurim (o Yom Kipur) sería mejor traducido como el “día de las coberturas”.¿Qué es lo que se está cubriendo? Nuestros pecados. Nuestras transgresiones. ¿Cómo son cubiertas? De la única manera que fue provista en la Torá: con sangre.

Y para compartirles la perfección de la lengua hebrea y del plan celestial… ¿Cuál era el lugar en donde se vertía la sangre del cabrito sacrificado en Yom Kipur? ¡En el lugar más santo! El lugar donde el cohén gadol (sumo sacerdote) ingresaba sólo una vez al año. El lugar donde se encontraba el Arca de la Alianza. Esta Arca tenía lo que se llama el propiciatorio. Sobre este se vertía la sangre del sacrificio (Levítico 16:14). La palabra hebrea para propiciatorio es:  kaporet. Esta palabra está relacionada con kipur y el concepto de cubrir. Cubría el arca del pacto, y también era un instrumento por medio del cual el Todopoderoso cubría nuestras transgresiones en el día más santo del calendario hebreo.

 

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Septimo Mes

יֹום תְּרוּעָה – Yom Tru’á 

Por: Tzvi ben Daniel –

 

El término Yom tru’á aparece sólo una vez en las escrituras, en Números 29:1:

En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas (Yom tru’á).

La otra ocasión en la que se nos ordena observar este día, se halla en Levítico 23:24:

Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas (zijrón tru’á), y una santa convocación.

La palabra tru’á es traducida como “trompeta” en ambas ocasiones a pesar de que este no es el significado correcto de la palabra. De hecho, existe una palabra en hebreo para trompeta; jatzotzrá (Num 10:2, 31:6).

La palabra tru’á, no es el instrumento que se utiliza para hacer un sonido, sino el sonido mismo. Y este sonido no tiene que ser necesariamente el de una trompeta (aunque también lo puede ser), pero haciendo un estudio de la palabra en las Escrituras podemos encontrar por ejemplo, el término tru’á en las siguientes instancias (entre muchas más):

– La alarma que se anunciaba con trompetas cuando había peligro inminente (Num 10:9).

– El grito que lanzó todo el pueblo luego de rodear Yericó, cuando cayeron las murallas (Jos 6:5).

– Los gritos de alegría en tiempos del rey David, cuando entraron con el arca (2Sa 6:15).

Como vemos, el término tru’á no está limitado a un uso positivo ni negativo en especial, pero deberemos meditar y considerar la palabra en el amplio contexto de las Escrituras, para tener una mejor idea del significado profético de este tiempo señalado del Creador.

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Shabat

שַׁבַּת – Shabat

Por: Tzvi ben Daniel  –

El Shabat es el primero de los tiempos señalados que se menciona en Levítico 23, antes que cualquier otra Fiesta. Su importancia es primordial ya que sucede más que cualquier otro tiempo señalado: una vez cada siete días, más de cincuenta veces al año.

Como sabemos, el Shabat no fue dado en el Monte Sinaí, sino que viene desde la creación misma. Yehováh lo estableció como un patrón a seguir y lo ejemplificó en el séptimo día cuando terminó su obra.

Gen 2:2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.

Presta atención a las siguientes conexiones en el hebreo:

  • Para comenzar, la palabra Shabat está relacionada con la palabra “séptimo” (shvi’í).
  • La palabra “reposar” (va’ishbot) es una conjugación de la palabra Shabat. Es por eso que llamamos al Shabat el día de reposo.
  • Por último, y más importante, la palabra Shabat, viene de la raíz hebrea shav que significa retornar

Con este entendimiento, podemos concluir que el Shabat es una contraparte de los días de la creación; en el proceso creativo, Yehováh se expresa y produce una fuerza activa de expansión. Y en el Shabat, Él pausa, y todo retorna a Él.
Es por eso que el reinado milenial del Mesías es entendido como un tiempo de restauración, un Shabat para el mundo. Un período en el que todo retornará a Él.

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Alfarero 1

El Alfarero y la Vasija

Isaías 64:8 nos dice:
“Tú eres nuestro Padre, nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”.

Nuestro padre es Yehováh, y en este verso Isaías nos dice que fue Él quien nos formó. Pon atención que, en particular, no se está hablando de Adam quien fue el primer hombre que “literalmente” fue formado del polvo de la tierra, sino que está hablando de “todos nosotros”.

Aquel que nos formó, el que trabaja con el barro, con la arcilla, es El Alfarero. La palabra “alfarero” en hebreo es yotzer(יוצר), y está relacionada con la raíz del verbo formar (yatzar, יצר) en el verso de Isaías. El Padre es El Alfarero, y es Él quien nos forma. Pero, ¿Qué quiere decir que Él nos forma?

Una imagen profética muy impactante es el episodio que Jeremías experimenta en el capítulo 18:1-6

Palabra de Yehováh que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero (yotzer), y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Yehováh, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Yehováh. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

Aquí vemos como el alfarero trabaja en una vasija de la misma manera en que Yehováh trabaja con nosotros; es la misma idea que menciona Isaías.

Regresando a la pregunta planteada anteriormente, ¿qué quiere decir que Él nos forma? ¿que Él trabaja en nosotros? Obviamente, nuestro cuerpo ya esta formado desde el vientre de nuestra madre. Pero a lo largo de nuestra vida nosotros experimentamos todo tipo de situaciones que nos hacen crecer espiritualmente. El producto final que el Creador desea hacer de nosotros no tiene que ver con la belleza o perfección física, sino con un nivel espiritual.

¿Cómo se crece espiritualmente?

Esta es una parte que a muchos no les va a gustar, o mejor dicho, no le va a gustar a nuestra carne. Recuerda que el espíritu está en enemistad con la carne (Rom 8:7).

La manera en que el Creador nos ayuda a crecer espiritualmente es a través del sufrimiento de la carne. ¿Como lo se? Simple: en el hebreo, podemos encontrar la misma raíz de la palabra formar alfarero en palabras que asociamos con el sufrimiento.

Por ejemplo, la palabra tribulación, traducida como angustia en Jeremías 30:7 es tzará (צרה). La palabra para Egipto en hebreo es Mitzraim (מצרים), entendido como un lugar estrecho y de sufrimiento. El “camino angosto” del cual Yeshúa habla, es el camino tzar (angosto, sufrido).

De aquí es que podemos asociar el sufrimiento con el alfarero trabajando en nosotros. Todos estos ejemplos tienen que ver con nuestro sufrimiento, pero al mismo tiempo, con el nacimiento de un deseo insaciable de conectarse con el Creador, de llamarlo de en medio de nuestro llanto, de rendirse a Su voluntad para con nosotros.

En este contexto podemos entender como Shaúl (Pablo) dice en Romanos 5:3 que “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia“.

Y también podemos entender como Ya’akov (Santiago) dice “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” (1:2).

La alegría dentro del sufrimiento es encontrada cuando nos damos cuenta que el Creador está trabajando en nosotros tal como el alfarero trabaja en su vasija. A través de la presión de sus dedos el moldea su pieza y elimina las asperezas. Cuando nos identificamos con el espíritu, en lugar de la carne, es cuando podemos apreciar y hasta regocijarnos, en tiempos de pruebas y tribulación.


El Alfarero y la Vasija

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נְֹשָמָה – Alma

Por Tzvi ben Daniel –

La palabra alma es a menudo un concepto abstracto para nuestro entendimiento concreto. Nos imaginamos que de alguna forma misteriosa el alma entra al cuerpo de un bebé en algún momento durante el embarazo.

En contraste, la primera vez que la palabra alma aparece en el texto hebreo es cuando en Genesis 2:7 Yehováh “sopló en la nariz del hombre aliento de vida” . En hebreo, נִשְׁמַת חַיִּים (nishmat jaim) es literalmente ese aire que le da vida al hombre. El mismo aliento que usted y yo respiramos, el aliento que el bebe toma cuando sale del vientre de su madre. El aliento que respira el cristiano, el judío, el musulmán y el budista, porque todos procedemos de Adam. Tal es el poder del aliento de vida que el Creador insufló en Adam, el cual continúa produciendo vida hasta el día de hoy. Este es el “último aliento” que se expira cuando morimos, literalmente, nuestra alma sale del cuerpo.

La palabra Neshamá no debe ser confundida con la palabra Néfesh, que si bien se asocia también con la respiración, es conectada mas con la vida física. Néfesh se traduce como “ser” en Genesis 2:7, y es un atributo que poseen tanto el hombre como el animal (Néfesh es traducido como “vida” en Genesis 1:30).

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