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Y aconteció que mientras iban, ¡fueron limpiados!

Lucas 17:11-18:14
Semanas 58-61

Por: Harold Calvo   –

En la lectura de hoy nos encontramos con otra enseñanza preciosa de parte del maestro. Se nos dice que Yeshúa va de camino a Jerusalén, pasando por Samaria y Galilea. Estas ciudades eran conocidas por que ahí habitaban gentiles.

Cuando Yeshúa entró en una de estas aldeas, diez leprosos le salieron al camino y clamaron:

“¡Yeshúa, Maestro, ten misericordia de nosotros!”
Lucas 17:13.

(Estos diez leprosos podría ser una representación de las diez tribus de la Casa de Israel, que se gentilizó, 1 Reyes 11:31).

Yeshúa les ordena a ir a presentarse delante del sacerdote en el Templo, para dar testimonio de su sanidad, y para cumplir así el mandamiento prescrito en la Toráh:

“Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote…”
Levítico 14:2.

Lo más interesante aquí es que Yeshúa no había proclamado una sanidad sobre ellos, sino que la sanidad se manifestó a medida que los leprosos obedecieron y fueron al Templo:

“Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes.
Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados
Lucas 17:14.

Hermanos, es mi oración que nuestra fe sea como la de estos diez leprosos, que sin haber visto aun su sanidad, creyeron a la palabra del Maestro, y entonces ¡fueron limpiados!

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¡Este hombre hace muchas señales!

Juan 11:17-53, Semana 55

Por: Harold Calvo   –

¡En esta ocasión, se les presenta un gran problema a los principales sacerdotes y fariseos! Tienen delante de ellos a un hombre que “¡hace muchas señales!” (Juan 11:47). Pero ¿cuál era el problema? Ellos temían que si no hacían nada con respecto a Yeshúa, todo el pueblo creería que él era el Mesías prometido para Israel y esto se convertiría en un caos para ellos por varias razones. Veamos:

Si Yeshúa era proclamado el Mesías:

  1. Los romanos vendrían a destruir el Templo y a la nación por completo, ya que la figura de un mesías sería una amenaza política para el César. En otras palabras, no puede haber dos autoridades al frente de Israel (Juan 11:48).
  2. La secta de los saduceos estaba a cargo del Sanedrín y del servicio del Templo. A pesar de que esta secta no creía ni enseñaba las enseñanzas de los profetas, eran conocidas en Israel las profecías acerca de la venida del Adon, del Señor de Israel (Miqueas 5:2) que vendría a reinar una vez desde el trono de David (Ezequiel 37:25). Esto era una amenaza para el sacerdocio ilegítimo que regía en Israel en aquellos días.

Lo que es impresionante de este relato es que Caifás, el sumo sacerdote ilegítimo de ese año, se levantó e hizo una proclama que nunca se imaginó que vendría a tener una relevancia a nivel profética:

“Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Yeshúa había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos
Juan 17:49-52.

Ciertamente era necesario que Yeshúa muriera por la nación de Israel, y pudiera restaurar así lo que una vez había sido quebrantado a causa de nuestra desobediencia al pacto y a los mandamientos de Yehováh, permitiendo también el regreso de Efraín (los dispersos de Israel) a la casa de su Padre:

“Así ha dicho Yehováh el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos…  Mi siervo David será rey sobre ellos…” Ezequiel 37:21-22, 24.

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A fin de que no vengan a este lugar de tormento…

Lucas 16:19-31 Semana 45-53

Por: Harold Calvo  –

En esta semana nos encontramos con Yeshúa compartiendo una parábola que sin duda alguna despierta la curiosidad acerca del lugar donde vamos después de la muerte. Se trata de la parábola de “Lázaro y el rico”. Dos personajes que mueren: uno es llevado al seno de Abraham y el otro es sepultado.

Si tomamos esta parábola de manera aislada, podríamos pensar que cuando morimos nos dirigimos al cielo o al infierno. Sin embargo, debemos de tener presente que las parábolas son un tipo de analogía, donde se relata una historia simple para ilustrar una lección moral o espiritual así como lo hizo Yeshúa en repetidas ocasiones.

 Tanto Lázaro como el rico, son dos figuras que representan dos tipos diferentes de personas: un grupo de personas que vivió una vida humilde, sencilla, no ostentosa y el otro grupo de personas que vivió una vida de manjares y banquetes, indiferente ante las necesidades de los que menos tenían.

 La intención de esta parábola no es enseñarnos que “los buenos” van para el cielo y que “los malos” van para el infierno. ¡Todo lo contrario! Esta parábola viene a reforzar lo que el mismo Yeshúa enseñó en diferentes oportunidades: ¡El Día del Juicio!

 “De cierto os digo que en el día del juicio…” (Mateo 10:15).
Por tanto os digo que en el día del juicio…” (Mateo 11:22).
“…de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36).

Yehováh es un Dios justo (1 Juan 1:9) y Él no enviará a nadie al lago de fuego (Apocalipsis 20:15) sin antes haber llevado a cabo un juicio justo. Esto lo vemos afirmado en el libro de Hechos:

“…por cuanto (Yehováh) ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.

 Al final de la parábola Yeshúa cierra diciendo “Si no oyen a Moshé y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

 Inclinemos nuestros oídos hoy, y no hagamos caso omiso a las palabras de Yeshúa, escuchemos a los profetas y a Moshé; el día de mañana daremos cuentas.  

 Para más información con respecto a este tema, les invito a escuchar el programa de Un Rudo Despertar Radio titulado “¿A donde nos vamos cuando morimos?    

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Mas cuando hagas banquete…

Lucas 14:1-24

Semana 45-53

Por: Harold Calvo

Que hermosa enseñanza nos comparte Yeshúa esta semana ya que no solamente es uno de los principios más importantes del Reino de los Cielos, sino uno de los aspectos que toca el corazón de nuestro Padre celestial y además de eso, ¡hay una bienaventuranza para aquellos que lo hacen!

Se trata de tener cuidado del pobre, del necesitado, del menos afortunado.

Habiendo entrado Yeshúa en casa de un fariseo en un Shabat, se sentó a la mesa y empezó a enseñarles fundamentos acerca del Reino de los Cielos. Después de haber sanado a un hombre hidrópico, les habló a los presentes diciendo:

“Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” Lucas 14:12-14.

En diferentes partes de las Escrituras vemos como el Padre nos llama a ser misericordiosos con el pobre e incluso Yeshúa citando la Toráh, nos recuerda que el pobre siempre estaría en medio de nosotros:

“Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” Deuteronomio 15:11.

Del mismo modo que lo declara Yeshúa en este capitulo 14 de Lucas, hay bienaventuranzas para aquellos que cuidan y dan con manos abiertas al necesitado:

“Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Yehováh tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas” Deuteronomio 15:10.

Hermanos, no nos olvidemos de ayudar al pobre, a la viuda, al huérfano, al extranjero en todo tiempo y no lo hagamos buscando la bendición de Dios (que de igual manera es una promesa divina), sino que hagámoslo por amor a nuestro prójimo, (el día de mañana puede ser tu o puedo ser yo el que se encuentre en esa situación) es lo correcto,  y esto agrada el corazón de nuestro Dios!

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Señor, ¿son pocos los que se salvan?

Lucas 13:22-35

Semana 45-53

Por: Harold Calvo –

No hay duda de que el Elohim de Israel es un Dios de amor y misericordia. De hecho, encontramos en el libro de Lamentaciones una declaración preciosa acerca de la misericordia de nuestro Padre celestial, que dice:

“Por la misericordia de Yehováh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” Lamentaciones 3:22-23.

Sabemos también por los escritos de Kefa (Pedro) que, “Yehováh es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9) y así muchas otras promesas hermosas que nacen del corazón de nuestro Padre celestial hacia su pueblo.

Sin embargo esta semana, en la cronología de los evangelios, nos encontramos con un Yeshúa que responde a una pregunta que algunos nos hemos planteado en nuestro caminar: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23).

Lamentablemente y para sorpresa de muchos, la respuesta que Yeshúa provee no es la que la audiencia esperaba.

“…muchos procurarán entrar (al Reino de los cielos), y no podrán” (Lucas 13:24b).

Por lo tanto, no debemos mal interpretar la misericordia del Padre, porque aquí, Yeshúa nos exhorta diciendo que debemos “esforzarnos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24a).

Pero ¿cómo lograrlo? Él mismo nos da una clave, al hablar de quienes procurarán entrar y no podrán hacerlo, en ese mismo capítulo de Lucas 13:

“Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois… apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad”.

Entrar por la puerta agosta tampoco tiene nada que ver con “profetizar, echar fuera demonios y hacer muchos milagros” (Mateo 7:22-23), tiene que ver con hacer la voluntad del Padre: guardar sus mandamientos, obrar en justicia y en misericordia.

Shalom!

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Señor, enséñanos a orar…

Lucas 11:1-36, 21 de diciembre. Semanas 45-53

Por: Harold Calvo -

Alguna vez se ha preguntado: ¿cómo debemos de orar? ¿a quien debemos de orar? ¿cómo debemos de pedir? ¿qué debemos de pedir? Recuerdo en varias ocasiones cómo me frustraba no estar seguro si mi manera de orar era la correcta o no. Recuerdo también haber escuchado a muchos predicadores compartiendo “fórmulas” para garantizar que las oraciones fueran escuchadas y contestadas… Incluso uno de ellos decía que dependiendo de su estado de ánimo, su oración debía de ser dirigida al Padre, al hijo o al Espíritu Santo.

En esta ocasión Yeshúa les enseña a sus discípulos (en Lucas 11:2-4) la manera correcta en que debemos de orar:

“Padre nuestro que estás en los cielos…” – ¿a quién dirigimos nuestra oración? Al Padre.

“Santificado sea tu nombre…” – ¿cómo nos dirigimos a Él? Con respeto y reverencia.

“Venga tu reino…” – reconocemos su señorío.

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…” –  su voluntad viene primero que la nuestra.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy…” –  pedimos por el maná diario, sin afanarnos por lo que ha de acontecer mañana.

“Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben…” – pedimos por misericordia así como tenemos misericordia de los que nos han fallado.

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal…” – que podamos caminar como un pueblo apartado para Él.

 

Interesantemente Jacobo (Santiago) hace una exhortación a las “doce tribus” que están en la dispersión con respecto a la manera en que pedían (en sus oraciones):

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal…” (Santiago 4:3).

¡Sigamos el ejemplo que nos enseñó el maestro por excelencia, Yeshúa, y veamos como nuestra vida da un giro positivo!

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The book of Life

Aun los demonios se nos sujetan en tu nombre…

Por: Harold Calvo -

Lucas 10:17-20 – 14 de diciembre, semana 38-42

Los setenta discípulos regresaron gozosos de las ciudades donde Yeshúa les había enviado a testificar acerca del Reino de los Cielos justo antes de la Fiesta de Janucá. Vinieron muy emocionados acerca de los milagros y las maravillas que pudieron llevar a cabo en el nombre del Maestro. Imaginémonos las emoción que podrían tener:

“¡¡Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre!!” (Lucas 10:17).

Hace varios años atrás, recuerdo cómo el sueño de muchos que pertenecíamos al grupo de jóvenes de la iglesia a la que asistíamos, era el de llegar a convertirnos en grandes predicadores, imitando las acciones y los milagros que llevaron a cabo “los generales de Dios”, los personajes famosos de la Biblia, los profetas, y por supuesto los discípulos de Yeshúa.

Recuerdo que organizábamos giras evangelistas a lugares rurales donde el evangelio difícilmente se conocía, por la ausencia de iglesias cristianas y tampoco existían medios de comunicación que llegaran a tales sectores. Era un sentimiento muy sincero por parte nuestra por ver a la gente de estas comunidades sanarse, y en ocasiones ser liberados de opresiones demoníacas lo cual era muy gratificante.

Fueron tiempos preciosos donde realmente vimos la mano del Todopoderoso operando, y pudimos experimentar (así como los discípulos) milagros asombrosos, liberaciones y gente siendo restaurada de una condición precaria espiritual.

Pero en esta ocasión, una vez más vemos como Yeshúa nos lleva a un nivel superior de entendimiento y nos enseña una de las lecciones más importantes que encontramos en la narrativa de los evangelios, donde él mismo manifiesta que nos da autoridad para resistir al adversario pero nos dice dónde debe de estar nuestro enfoque:

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:19-20).

¡Qué gozo saber que el Padre nos ha dado autoridad! y que podemos estar confiados de que “nada nos dañará”, pero mayor gozo debemos de tener al saber que “nuestros nombres están escritos en el libro de la vida”, bendito sea el nombre de Yehováh.

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Solomon temple

La Casa de YHVH – בֵּית יְהֹוָה

Por: Tzvi ben Daniel  -

Cuando pensamos acerca de la casa de Yehováh inmediatamente se nos viene a la mente el Templo de Salomón en Yerushaláyim, o tal vez el magnífico Templo que Herodes remodeló, en el cual Yeshúa caminó y posteriormente fue destruido por los mismos romanos en 70 EC.

Lo que no nos imaginamos es que el concepto de Yehováh habitando con el hombre, existió desde muchísimo antes. Varios siglos antes del nacimiento de Salomón, Ya’akov vivió un incidente interesante:

[Ya’akov ] llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Yehováh estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Yehováh, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. […] Y despertó Ya’akov de su sueño, y dijo: Ciertamente Yehováh está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios (Elohim), y puerta del cielo. […] Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero. (Genesis 28)

Ya’akov tuvo una experiencia mística en la que tuvo contacto con el Eterno. Tanto fue el impacto que le causó, que llamó a ese lugar Bet-El, que significa “Casa de Dios”. Más tarde, esta misma terminología sería adoptada por los israelitas para denominar aquel lugar que Yehováh escogió para que su nombre morase en él.

Fue la voluntad del Santo bendito sea que su ruaj morase  dentro del hombre, pero a la vez también entre su pueblo, Israel. Fue así que en el desierto de Sinaí Él dijo: harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. (Ex 25:8). Este santuario es un mikdash (מִקְדָּשׁ) en hebreo. Es de aquí que viene la palabra kadosh; santo, separado o consagrado. Es interesante destacar también que la palabra hebrea utilizada para “en medio” (בתוך), puede significar también “dentro”. De aquí que el pasaje anterior puede leerse también como harán un santuario para mí, y habitaré dentro de ellos. Es decir, en un sentido personal, cuando nosotros cuidamos la pureza de nuestro cuerpo no contaminándolo con los placeres de la carne vivimos una vida de santidad de acuerdo a Su Toráh, entonces su espíritu puede morar dentro de nosotros. Puede que este entendimiento contienda con aquel entendimiento tradicional cristiano, en el cual una persona recibe el espíritu santo cuando es bautizada y nunca puede perderlo, independientemente de cómo viva su vida.

Aquel lugar especial en el desierto que el Eterno comandó a los israelitas construir fue lo que se llamó el mishkán (מִּשְׁכָּן) en el siguiente verso (Ex 25:9), que fue traducido como “tabernáculo”. Mishkán pertenece a la misma raíz verbal que la palabra del verso anterior traducida como “habitar”. La palabra mishkán es literalmente “un lugar en el cual se habita”. En este caso, se utilizaba para denominar a la tienda rodeada por cortinas dentro de las cuales estaba el altar, el lugar santo y el lugar santísimo; el tabernáculo en el desierto. El precursor del Templo de Salomón. Este modelo del tabernáculo estuvo en uso por siglos de hecho, mayormente en la ciudad de Shiló, hasta que Salomón construyó el Templo, alrededor del año 970 AEC.

Aquella Casa de Yehováh fue construida como un centro religioso para la nación de Israel. Un lugar en donde todos los israelitas se congregaban tres veces al año para reafirmar el testimonio de que el Dios Todopoderoso habitaba entre ellos. Pero había una condición: ellos debían vivir una vida de rectitud y justicia de acuerdo a la Toráh, si no, aquel Templo sería destruido por voluntad divina. Y así fue, que aquel templo fue destruido primero por el Imperio babilonio, para ser reconstruido bajo el imperio persa y posteriormente destruido nuevamente por los romanos.

Pero antes de que los romanos lo destruyesen, el Mesías caminó por el Templo, y explicó claramente a la audiencia presente que el Templo es mas que rocas apiladas una sobre otra. El habló del Templo de su cuerpo, aquel cuerpo dado a la pureza y santidad de la Toráh que sería encontrado digno y apto para ser entregado y pagar el más alto precio por su pueblo.

No es solo en el caso de Yeshúa, que su cuerpo representó el Templo. Esta realidad es igual para cada uno de nosotros, tal como también lo entendió Shaúl (Pablo). Ese es el motivo por el cuál debemos vivir una vida de santidad:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Ruaj Ha’Kodesh (Espíritu Santo), el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1 Co 6:19



La Casa de YHVH – בֵּית יְהֹוָה

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La Toráh y los Profetas

By: Harold Calvo

 

C hen we started studying the Scriptures from a Hebraic perspective, many things we learn will become very exciting because once we they had been taught a Greek Western mentality, omitting many details about the culture and the Hebrew language.

One of the first reactions is, “How beautiful this passage, until now I can understand it!”  Or: “Look at that parable, Yeshua was referring to this, or that …!”. Now many things begin to make sense. Yeshua’s words and teachings become clearer as we associate them with Torah commandments, or even with biblical prophecies that we had not even read before. Even the book of Revelation becomes a little clearer when we understand the context of the Feasts of the Lord (Lev 23).

Then we carry out a search of a group or a “messianic” congregation where we can learn and share with other brothers who have started this new journey, who meet on Shabbat to read the parasha (the biblical portion of the week), which they celebrate. the Holidays of Yah and that speak the same language that we have begun to study.

Every week we are longing for the Sabbath day to come so we can sit down to discuss and discuss new topics that we are exploring in the Torah, the prophets and other writings. In addition to the famous 10 Commandments, we began to put into practice the commandments we have been learning such as those related to the Creator’s diet (Leviticus 11), the “correct” pronunciation of Yah’s name, and the “correct” dates. of the biblical calendar to be able to celebrate the “exact” day of the Biblical Festivities, among other things.

At that moment, the level of emotion that we feel rises to such a point that, we want to share this new understanding and knowledge first of all with our relatives, loved ones and friends so that they are part of this awakening; but … just in case  you have not they  happened to have met with some resistance from some, perhaps more conservative believers, who are not ready to receive this information? Or have you experienced the loss of friends who now consider you sectarians? I think it has happened to all of us.

In fact, at some point in all this walking, we dare to look at others under our shoulders, thinking that we are better because we have the revelation of the Torah and the prophets, because we keep the Sabbath and the Feasts of the Most High, because we do not eat pig (only “kosher”) and because at the end of the road we believe ourselves to be more holy and righteous than others because others do not keep His commandments …

It is here brothers where I remember the words of Yeshua …

“Un hombre… cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese” (Lc 10:30-35).

It is interesting, because of all these characters, the one who least knew or understood about the Torah and the Prophets, was the one who put into practice the heart of the Torah. Yeshua clearly said that he did not come to “abolish the Torah or the Prophets, but came to fulfill it” (Mt 5:17) which includes the aforementioned aspects about Shabbat, the Feasts, the Creator’s diet etc., however , Yeshua left us a key regarding the fulfillment of the law and the prophets:

“All the things you want men to do with you, so do you also with them; for this is the Torah and the Prophets “(Matthew 7:12).

Therefore, go and do the same!

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El que me desecha a mi, desecha al que me envió

Lc 10:1-16

Semana 35

Por: Harold Calvo  -

 

Anteriormente vimos como al final de la Fiesta de Tabernáculos Yeshúa comisionó a setenta discípulos con instrucciones específicas y los envió de dos en dos para que visitaran las ciudades que él mismo visitaría eventualmente:

“En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz (Shalom) sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros” Lucas 10:4-11.

¿Cuál era el propósito de que los discípulos visitaran estas ciudades además de sanar a los enfermos?

Los discípulos fueron enviados con una misión especial; extender el Reino de los Cielos a los habitantes de estas ciudades. Pero ¿qué significa esto?

En el momento en que los discípulos entran a estas ciudades, están operando como embajadores del Reino. Ellos portan el testimonio de Yeshúa,  guardan los mandamientos del Altísimo, y caminan en justicia y verdad. Con sus acciones demuestran a estas personas como deben vivir sus vidas de acuerdo al orden establecido por Yehováh.

Parece ser que la maldad y la prepotencia de estos pueblos era mayor que la perversión y la injusticia que reinaba en Sodoma de ahí la advertencia (condena) que Yeshúa mismo declara para aquellas ciudades que “no os reciban”:

Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad”.

El testimonio de los discípulos, y los milagros que realizarían en tales ciudades, era razón suficiente para que los habitantes se volvieran (arrepintieran) a Yehováh.

Lo mismo ocurre hoy con nosotros. Somos una extensión del Reino. Yeshúa dijo:

“El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” Lucas 10:16.

Nuestro testimonio será un testigo en contra de aquellos que no quisieron arrepentirse de sus malos caminos y volverse al Altísimo.

Nota: Después de que los setenta discípulos fueron enviados, no hay eventos reportados en la cronología de los evangelios sino hasta después de que los discípulos regresan de su misión, poco antes de la celebración de Janucá, alrededor del 14 de diciembre, semana 38… Reanudaremos esta sección entonces.

 

 

 

 

 

 

 

 

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