Cómo escapar del Sistema de la Bestia

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Cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de amenaza, existen tres maneras en las que respondemos: la reacción de lucha, la huida o la parálisis

Con las regulaciones y las restricciones impuestas por los gobiernos sobre la población mundial, lo cual se parece cada vez más a la peor pesadilla distópica de 1984 de George Orwell, es difícil mantener la esperanza de que las cosas puedan mejorar.

Para aquellos que creemos en la profecía bíblica, sabemos que al final los buenos ganan, aunque a veces lo olvidamos o no estamos del todo conscientes de ello. Y otro punto a considerar es exactamente cuánto tiempo tendrá el mal para reinar; que tan larga será la noche antes de que llegue el día; por cuánto tiempo pasaremos por tribulaciones, hasta llegar a esa tierra prometida, metafóricamente hablando.

Primero, para ponerlo en perspectiva: no hay nada nuevo bajo el sol

Para cada uno de nosotros, nuestras propias pruebas y desafíos son «los más difíciles«. Vemos la vida en primera persona y pensamos que nuestros problemas son los peores. Esta misma distorsión en nuestra perspectiva, puede proyectarse de manera comunal o global. Y es así que pensamos que los problemas que nos afectan en el mundo hoy, son los peores en la historia de la humanidad: los gobiernos más tiránicos, los cambios climáticos más violentos, las mayores depravaciones de la población, etc. Pero la verdad es que no hay nada nuevo bajo el sol. Los males que aquejan al mundo hoy en día ¡han existido desde los remotos comienzos de la historia!

Tan pronto como existieron dos seres humanos, nacieron la envidia y los celos. Desde el nacimiento de las primeras comunidades surgieron jerarquías de poder, que luego fueron corrompidas por la ambición carnal de poder y dominio, que luego desarrolló la necesidad de conquista y control sobre otras comunidades. Naciones e imperios fueron fundados, y en los últimos 250 años tenemos el concepto más familiar de Estado, que se parece a las formas mencionadas antes, con la excepción de que vivimos en un sistema democrático, en el que, en mi opinión, existe una ilusión de elección, con la esperanza de que habrá un cambio positivo que la gente sigue anticipando que llegará algún día.

Tres tipos de respuestas

Cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de amenaza, existen tres maneras en las que respondemos: la reacción de lucha, la huida o la parálisis, que se refieren a cambios fisiológicos involuntarios que ocurren en el cuerpo y la mente cuando una persona se siente amenazada. Esta respuesta existe para mantener a las personas a salvo, preparándolas para enfrentar, escapar o esconderse del peligro.

Quiero analizar estas tres maneras de responder, en relación a la amenaza en la que nos encontramos actualmente.

Lucha. Si decidimos luchar contra el sistema de la bestia, este es un sentimiento noble. Muchos en el pasado han luchado físicamente para poder preservar la libertad y los derechos, ya sea a nivel familiar, comunitario, o nacional. Muchas veces no tiene que ver con derrocar a un gobierno entero, sino simplemente preservar el orden en nuestro propio vecindario, defender al desamparado y promover la justicia.

Un punto importante a tener en cuenta en esta manera de reaccionar es que debemos elegir nuestras batallas. A pesar de que haya muchas causas justas, debemos invertir nuestro tiempo en luchar por aquello a lo que estamos conectados de manera directa. Es decir, algo sobre lo que esté en nuestro poder efectuar un cambio tangible.

Huida. Es sabio darse cuenta de cuándo no hay más batallas que pelear, o de cuándo estamos superados en número, o simplemente, de cuándo la guerra está perdida. En relación con la crisis actual por ejemplo, si estamos viviendo con nuestra familia en la ciudad de Nueva York o San Francisco (y un creciente número de lugares), en donde existen mandatos de vacunación sin exenciones para ir a la escuela, asistir a eventos deportivos e incluso para entrar a un restaurante, sería sensato pensar en un plan para cambiar nuestras circunstancias, como podría ser mudarse a otra ciudad, sacar a los niños del sistema de educación escolar, etc. Es decir, este caso la «huída» sería lo necesario en tal momento. Una familia o individuo puede huir de un país en el que se ve amenazado, yendo tras la búsqueda de prosperidad económica o simplemente para preservar su integridad física. Esta es la principal razón por la que migramos de un lugar a otro a través de las generaciones.

Quiero enfatizar; estos dos tipos de respuestas, la lucha y la huída, no se excluyen mutuamente. Nuestra respuesta a una amenaza puede cambiar de acuerdo a las circunstancias. Yeshúa instruyó a sus discípulos a comprarse una espada, y luego regañó a Pedro por usarla. Hay un tiempo para la paz y hay un tiempo para la guerra.

Parálisis. Este tipo de reacción ante una amenaza, es realmente la ausencia de reacción. Ante el miedo, la confusión, la sorpresa o falta de motivación, nuestro sistema nervioso puede paralizarse, dejándonos inmóviles e indefensos frente a la amenaza. Esta es la reacción que aquellos en el poder quieren proyectar sobre la población. Es por eso que las noticias transmiten miedo e incertidumbre. Es por eso que durante los últimos dos años de pandemia la información que ha salido de fuentes gubernamentales ha sido siempre confusa o fatalista, o ambas cosas. Y es por eso que, no es casualidad, la parálisis es el estado en que la mayoría de la población se encuentra.

Escapando del sistema

En los tiempos en que Yeshúa caminó por Judea y Galilea, el imperio romano ejercía control sobre la tierra. Este, cobraba impuestos, controlaba el transporte y movimiento, imponía restricciones de todo tipo y decidía quien vivía y quien moría. Fue en ese mismo escenario que Yeshúa predicó acerca del Reino de los Cielos. Y a diferencia de la redención que todos esperaban que sucediese en ese mismo momento, para así poder ser librados de la opresión romana insostenible, por medio de un cambio político y la coronación de un judío (Yeshúa) sobre Israel, el Mesías estaba hablando de otro Reino.

Un Reino al que era posible acceder en ese mismo momento; independientemente de quien sea el emperador o el presidente de un país, un reino que no puede ser dañado por mano de hombre ni puede envejecer con el paso del tiempo. Un Reino que existió desde antes de la Creación y seguirá existiendo cuando todo esté acabado; el Reino de los Cielos, el Reino de Dios.

Para escapar del sistema de la Bestia, primero tenemos que concientizarnos de que, lo que sea que suceda a nuestro alrededor en el planeta Tierra en este mundo físico, no cambia en lo más mínimo el poder y la soberanía del Creador sobre todo el Universo.

En segundo lugar es imperativo no temer. Este es un MANDAMIENTO que aparece en las Escrituras decenas de veces, muchas de ellas acompañado de la herramienta que nos permite sobreponernos al miedo; el coraje. «¡Sé fuerte y valiente!» – le dijo el Creador a Josué antes de entrar a la Tierra Prometida.

El miedo es un mecanismo por el cual nuestro cerebro nos ayuda a preservarnos del peligro. Pero hay momentos en los que sobreponernos a ese temor es la única manera de vencer el obstáculo. Sobreponernos al temor y a los obstáculos es precisamente lo que nos hace más fuertes, sabios y resistentes.

Conclusión

Buenos tiempos crean hombres débiles;

hombres débiles crean tiempos difíciles;

tiempos difíciles crean hombres fuertes;

hombres fuertes crean buenos tiempos.

Aquello que nos aqueja no es sólo el sistema de la Bestia, sino nuestra impotencia y pasividad para combatirlo. Ya sea que debamos luchar (por medios físicos, legales, mentales o espirituales) o que debamos huir, es importante dar un buen vistazo a nuestras circunstancias y luego tomar las decisiones adecuadas, basadas en oración, consejo y lógica racional; mientras a otros, todo lo que les costará para salir del sistema será simplemente apagar la TV y restringir el uso del teléfono y las redes sociales.

Complemente esta lectura con el programa de radio:
Viviendo bajo el Gobierno de la Bestia