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No diferimos mucho de Balaam

’Elohim dijo a Balaam: No irás con ellos ni maldecirás al pueblo, porque él es bendito.
Números 22.12

Cuando estamos frente a alguien que consideramos terco, coloquialmente y cariñosamente también usamos la expresión: “no seas burro”, porque este animal eventualmente tiene sus ataques de terquedad.

Una persona terca, es alguien que ha cerrado sus oídos a las razones más claras y poderosas, porque se halla “casada” con sus propias opiniones y pensamientos. Es alguien atrapado en la caja de su experiencia y considera que lo sabe todo y nada tiene que aprender.

Balaam, el profeta pagano, tenía ese perfil: Consultaba a Yehováh, pero como Él no afirmaba sus deseos y planes, buscaba cómo darle la vuelta a sus directrices, para conseguir lo que su corazón deseaba ardientemente.

¿De qué sirve orar en busca de dirección, cuando el corazón ya ha tomado un sendero? ¿Responderá Yehováh a quienes solo buscan que Él les confirme sus deseos egoístas?

Balaam buscó una y otra vez, la manera de cumplir los deseos del rey Balac de maldecir a Yisrael porque íntimamente anhelaba la paga ofrecida. De nada valió que Yehováh hiciera hablar a su asna para hacerlo entrar en razón; y de no ser porque Yehováh tenía un pacto con nuestro padre Avraham, respecto a que ni él ni su descendencia serían maldecidos, seguramente hubiera proferido las palabras que deseaba el rey Balac.

Cuando Yehováh nos ha revelado Su voluntad respecto de algo, es un asunto no negociable. Es el caso de los Mandamientos:  No imaginemos que Yehováh, cuando establecía, por ejemplo el sexto mandamiento, tiró una moneda al aire y dijo: “con cara, asesinar es pecado y con sello (o cruz) asesinar es bueno”.  La moneda cayó “cara” y por eso entonces asesinar es malo!  ¿Suena ridículo verdad? Cuando Yehováh toma decisiones, lo hace de acuerdo a su carácter y sus planes eternos. En éste caso, Yisrael estaba en el centro de Su propósito y nada cambiaría la bendición que ya había sido decretada y otorgada.

Así en nuestro diario caminar, si hemos de buscar la dirección de Yehováh para cualquier aspecto de la vida, pongámonos en una posición neutra realmente, y estemos dispuestos a renunciar a lo que más anhela nuestro corazón, porque solo entonces sera posible discernir el camino correcto.

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Adónde Vamos Cuando Morimos

Estudio basado en el programa de Un Rudo Despertar Radio: ¿Adónde vamos cuando Morimos? El cual puede escuchar haciendo click aquí.

“Los malos se van para el infierno, y los buenos se van para el cielo” son frases que escuchamos desde niños, pero, ¿existe alguna evidencia escritural que nos indique si realmente estos argumentos son verdaderos?

Echemos un vistazo a las Escrituras y analicemos diferentes escenarios que nos pueden ayudar a responder la pregunta de “¿Adónde nos vamos cuando morimos?”…

¿Será al cielo o al infierno?

¿Qué dicen las escrituras al respecto?

¿Qué es el sheol, el hades?

¿En dónde están esas personas que ya fallecieron?

¿Los buenos estarán en el cielo y los malos en el infierno?

Trataremos estas preguntas y veremos que dicen las escrituras para obtener una perspectiva bíblica.

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Siempre tendréis a los pobres con vosotros

Marcos 14:3-9
Semana 62

No tengo duda de que la mayoría de nosotros estamos familiarizados con el episodio acerca de la vida de Yeshúa, estando él en casa de Simón, el que fue sanado de lepra, cuando de repente apareció una mujer con un vaso de alabastro de perfume muy costoso, y lo utilizó para ungir al Maestro.

Sabemos que los que estaban presentes se escandalizaron y mostraron su lado “piadoso” diciendo que no era posible que se desperdiciara tal perfume, y que hubiera sido mejor venderlo por más de trescientos denarios.

Sin embargo, hay un aspecto en medio de estos pasajes que me gustaría destacar y que está relacionado con el Reino de los Cielos. Si bien es cierto que Yeshúa les dice que lo sucedido con la mujer y el perfume no fue una mala acción, él una vez más vuelve a presentarnos un principio del Reino que tiene que ver con los pobres:

“Siempre tendréis a los pobres con vosotros y cuando queráis les podréis hacer bien…” Marcos 14:7.

Y es aquí donde quiero detenerme un momento para motivarlos a meditar y a tomar acción al respecto. Es evidente que el corazón del Padre se inclina hacia aquellos que están en mayor necesidad y son los que más sufren en nuestra sociedad; hablo de los pobres.

Desde los tiempos de Moisés sabíamos que los pobres siempre estarían en medio de nosotros, y es nuestra responsabilidad velar por el bienestar de ellos:

Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” Deuteronomio 15:11.

La vida da muchas vueltas y no sabemos si en un futuro nuestra condición o la de alguno de nuestros familiares se vaya a ver deteriorada, pero en la medida de lo posible, siempre que podamos extender una mano amiga a aquellos menos afortunados que nosotros, hagámoslo con un corazón contento.

¡Las Escrituras dicen que Yehováh mismo cuidará de los que tengan cuidado del pobre!

 

Note la bendición de dar al necesitado:

Bienaventurado el que piensa en el pobre;
En el día malo lo librará Yehováh. Yehováh lo guardará, y le dará vida; ¡Será bienaventurado en la tierra!” Salmo 40:1-2.

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¿Cómo identificar a un profeta verdadero?

Mt 21:23-27
Semana 63

En esta ocasión Yeshúa viene al Templo a enseñar, y algunos de los principales sacerdotes y ancianos del pueblo cuestionan la procedencia de la autoridad de Yeshúa,

“¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” Mt 21:23.

De inmediato, Yeshúa les responde haciéndoles una pregunta que los pone contra la pared: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?”. La dinámica que Yeshúa les plantea era muy simple; si ellos respondían a la pregunta, Yeshúa les contestaría la pregunta que ellos le habían hecho inicialmente. Los principales sacerdotes y ancianos decidieron mejor no responderle, ya que llegaron a la conclusión de que se verían expuestos delante de Yeshúa y delante del pueblo:

“Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Yeshúa, dijeron: No sabemos.” Mt 21:25-27.

Algo muy importante que podemos rescatar de este confrontamiento entre los sacerdotes y Yeshúa es que ellos sabían que el pueblo reconocía a Juan “el bautista” (Yojanán Ben Zejariah) como un profeta verdadero, enviado de parte de Dios.

Algo similar se nos dice acerca del profeta Samuel: “Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Yehová” 1 Samuel 3:20.

Hoy en día vemos muchas personas (hombres y mujeres) que se levantan proclamando que son enviados del cielo. Pero ¿cómo saber cuándo un hombre es un profeta verdadero enviado del Altísimo? ¿Cómo podía el pueblo distinguir entre un hombre de Dios y un falso maestro? El versículo 19 del capítulo 3 de 1 Samuel nos da una clave:

“Y Samuel creció, y Yehováh estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras”.

Esto confirma una de las instrucciones que Moisés nos dejó en la Torá para poder distinguir a un profeta verdadero de un profeta falso:

Si se levantare un profeta y “hablare en nombre de Yehováh, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Yehováh no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él”
Deuteronomio 18:22.

Otra instrucción que encontramos en la Torá para identificar un falso profeta es la siguiente:

“Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Yehováh vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Yehováh vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma”
Deuteronomio 13:1-3.

¡Hermanos, sepamos distinguir entre los verdaderos hombres de Dios y los falsos profetas!

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